Volanta

“TODO”

Lo que necesita una alumna que perdió el año por ir a cosechar a Brasil y quiere terminar la secundaria


Texto de Micaela Urdinez | Enviada especial

11 de julio de 2026

–El año pasado tu familia se mudó a Brasil para ir a la cosecha de tomate. ¿Cómo fue la experiencia? –Fea. –No querés volver. –No. Lo dice mirando al piso. Lo dice mientras juega con sus dedos, mientras los entrecruza y se refriega los pulgares quizás para romper con el recuerdo de esos meses en los que tuvo que vivir en un conventillo precario en un país que no era el suyo; esos meses en los que su madre se llevó a ella y a sus otros dos hijos a la cosecha de tomate porque en su Andresito natal, al norte de la provincia de Misiones, la producción de la yerba mate se había paralizado y tenía que darle de comer a sus hijos; esos meses en los que ella abandonó la secundaria y se quedaba todo el día a cargo de sus hermanos menores, limpiaba la casa, cocinaba; esos meses en los que alguna vez también cosechó tomates al rayo del sol y tuvo que ponerlos en cajas pesadísimas que apenas podía levantar. Antonela Samaniego tiene 15 años y tenía 14 cuando su vida dio un vuelco. Ante la urgencia, su mamá –Estela Olivera– tuvo que tomar la drástica decisión de cerrar su casa del Barrio 20 de Junio con llave, subirse a un micro y llevarsela a ella y a sus otros hijos –Damián de 12 y Abigail de 6– al otro lado de la frontera. Lo hizo, dice, porque no quería hacer pasar hambre a su familia. –Yo sufrí un montón en Brasil y ruego que ninguna persona sufra lo que yo sufrí allá. Te dan una piecita para que estés, pero no era lindo el lugar. Yo tenía que empezar a trabajar ponele a las seis de la mañana hasta las 17:30 de la tarde. –¿Los chicos que hacían todo el día? –Ellos se quedaban en la casa al cuidado de Antonela. Yo no tengo queja de mi hija, porque la comida ya la hacía ella y cuando yo venía estaban todos listos. –¿Tus hijos trabajaron también en la cosecha? –La nena y el varón trabajaron a veces. Yo les decía que no trabajaran fuerte, que se sentaran a la sombra, porque el calor es muy sofocante. –¿Cuánto perdieron de clase los chicos? –El año pasado yo los saqué casi a principio de año. Los tres perdieron el año entero. Cuando iban a comenzar las clases este año la llamé a la directora y le dije si me podía anotar a los chicos en la escuela, porque yo estaba necesitando que ellos estudien, porque si no estudian no tienen futuro.

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Apuesta por la educación . Arriba, la casa de Antonela y su familia consta de un solo ambiente en el que se apilan las camas, la cocina y los alimentos; abajo, ella camina hacia la escuela con la esperanza de terminar la secundaria y convertirse en policía

En abril, Estela decidió volver a Andresito porque no estaba haciendo ninguna diferencia en Brasil y se estaba reactivando, apenas, la producción de yerba mate. Antonela arrancó en el Bachillerato Orientado Provincial BOP N 124, pero tuvo que repetir el año. Ahora, está cursando 1er año. Son las 7:00 de la mañana en el barrio 20 de Junio. El sol empieza a clarear las calles que muestran su textura rojiza. Una mole de paredes altas de ladrillo y techo de chapa se erige entre casitas de madera. De afuera, parece una fábrica, un galpón o un tinglado para almacenar máquinas. Adolescentes cargados con mochilas se van acercando hasta esta escuela que funciona en un lugar que fue construido para ser supermercado. Ante la necesidad de abrir una secundaria para las familias que vivían en las afueras de Andresito, la municipalidad les cedió este lugar de forma temporaria. Allí, se improvisaron divisiones para que cada año tuviera su aula. Antonela camina las cinco cuadras que separan a su casa de la escuela. Tiene puesto un jean, una remera deportiva y sobre el hombro derecho le cuelga una mochila negra. Se para a hacer la fila, mira cómo izan la bandera y entra al aula. Se sienta en la esquina, al lado de la ventana con rejas y abre su cuaderno para copiar lo que el profesor de Geografía está escribiendo en el pizarrón. –¿Cuáles son las materias qué más te gustan? –Matemáticas e Historia. –¿Cómo vienen las notas en la escuela? –Bien. –¿Ya sabes qué te gustaría hacer cuando seas grande? –Policía, como mi hermano. –¿Qué te gusta hacer cuando no estás en la escuela? –Ayudar a mi mamá con las cosas de la casa, ordenar, limpiar, ayudar a hacer la comida.

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En el recreo, algunos alumnos juegan al vóley, otros miran su celular, algunos cargan agua en la canilla del baño. Antonela se sienta con otras amigas a charlar. Fabiana Vázquez, la directora de la escuela, se mueve de un lugar a otro resolviendo cosas, intentando mantener a flote esta nave que ya cuenta con 156 alumnos que cada vez están más apretados. La municipalidad les donó un terreno a la entrada del barrio, pero todavía no arrancó la construcción de la nueva escuela. –Esta es una comunidad a la que el contexto los lleva a trabajar, a colaborar con sus padres y bueno, eso hace que por ahí haya cierto abandono en el camino. Cuando arranca la cosecha manual de la yerba, emplean a todas las personas de esta comunidad. También tenemos muchos casos de familias de alumnos que se fueron durante el verano a trabajar a Brasil. –Como Antonela. –Claro. Su mamá es una gran luchadora, muy trabajadora. El tema es también que ellos no pueden volver hasta que no se les termine el contrato porque sino no les pagan. Antonela es una de las nenas que arrancó un poquito más tarde las clases. Y tenemos alumnos que han venido ahora la semana pasada recién, se perdieron un mes y ahora están completando carpetas, ¿viste? Y también ahí los perjudica que si tenían alguna materia para rendir, y con esa pasaban, se pierden esa oportunidad. Pero bueno, ante la necesidad ellos prefieren irse. –Cuando empieza la cosecha manual, ¿ustedes notan que empiezan a venir menos los chicos? –Sí, faltan y se van. Cuando nosotros venimos 6:30 los vemos que ellos se van en los camiones o en los vehículos que los vienen a buscar para ir a las chacras que están más adentro. –O sea que todavía compite el trabajo con la educación. –Totalmente. Ellos inclusive le piden oportunidades a los profes y los profes lo consideran o le vuelven a tomar para recuperar ese día que no vinieron. Tratamos de darle todas las oportunidades porque sabemos que nuestros alumnos trabajan. –Este tipo de trabajo genera mucho desgaste. ¿Eso lo ven en los chicos? –Sí, hay chicos cansados que se duermen en clase. Y muchas familias con enfermedades terminales.

Un secundario en las afueras de Andresito . Los alumnos del Bachillerato Orientado Provincial BOP N 124 se forman en la mañana para izar la bandera; como los maestros saben que muchos de ellos trabajan en las chacras, lo contemplan para darles oportunidades para recuperar los exámenes y contenidos

“Tratamos de darle todas las oportunidades porque sabemos que nuestros alumnos trabajan. Hay chicos cansados que se duermen en clase. Y muchas familias con enfermedades terminales”

Fabiana Vázquez, Directora del BOP 124 de Andresito.

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A las 12:00 del mediodía, Antonela emprende la vuelta a su casa. Es una construcción de tablones de madera sobre pilotes que funcionan como paredes –con hendijas que dejan pasar el frío, el calor, los bichos y la luz– y con techo de chapa. En un solo ambiente, viven los cuatro. Cocinan a leña, no tienen lavarropas ni heladera y el baño está afuera. Antonela llega, deja la mochila adentro y se sienta en una silla de playa en el patio de la casa. Esa y en la que está sentada su mamá, son las dos únicas que tienen. –¿Qué necesitan para la casa? –Todo. –Si pudieras pedir tres deseos, ¿cuáles serían? –Terminar mis estudios y tener una casa nueva. Mientras tanto, sus hermanos juegan con otros primos en la calle y Estela empieza a hacer el fuego para cocinar . “Ni siquiera garrafa tengo. No tengo vergüenza porque es la realidad y mi casa está cayéndose”, dice. Todas las mañanas, sale temprano a cosechar yerba con serrucho porque cuanto más hace, más le pagan. “Para mí es importantísimo que mis hijos estudien porque yo no quiero que ellos pasen lo que yo pase. Yo quiero que ellos sean algo en la vida”, dice Estela. Cuando llega el invierno, Vázquez sabe que tienen que tener agua caliente en la escuela y yerba para que los alumnos tengan un mate caliente. También, juntan plata para poder hacerles chipá o tortas fritas. “Cuando el estómago está vacío, pesa. El chico de secundaria también es un joven en pleno desarrollo, en pleno crecimiento, y que a veces come una vez por día. Por ejemplo, el año pasado una alumna me decía para cerca de fin de año está difícil llenar la olla. Y la verdad es que es muy fuerte”, dice la directora de la escuela. –¿Qué te gustaría a vos para el futuro de los alumnos? –Que sepan que pueden seguir estudiando. Y lo que me gustaría es que se generen puestos de trabajo no sólo en la yerba. Porque como te dije antes, siempre vi que la yerba por ahí es muy desgastante para ellos y a veces los veo que son jóvenes y, por ahí, están muy desgastados por el trabajo. Imagínate que estamos hablando de cosechar esas ponchadas, creo que son de 100 kilos cada una. –¿Qué es lo que más están necesitando para la escuela? –La decisión política de que nos construyan la escuela porque ya tenemos el terreno que está a nombre del Consejo Escolar. Tenemos una necesidad y es creciente porque todos los años aumenta la matrícula. Necesitamos, por ejemplo, diccionarios que tenemos pocos. Algo que nos gustaría mucho tener y con lo que siempre soñamos es con un microscopio.

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De la chacra a la escuela
Antonela Samaniego es una de las tantas adolescentes de Misiones que tuvo que dejar la escuela por culpa del trabajo rural: en 2025 su familia se mudó a Brasil para dedicarse a cosechar tomates y perdió el año. Hoy tiene 15 años, está en 1er año de la secundaria y sueña con ser policía

Cómo ayudar:

Las personas que quieran ayudar a Antonela y a su familia a comprar una heladera, una cocina y sillas para la casa pueden donar al alias bop124.mp o comunicarse con Fabiana Vázquez, la directora de la escuela, al +54 9 11 3678-1501

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