La seducción del balcón
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Cuentan quienes integraron distintos equipos de gobierno, incluso presidentes, que el lugar ejerce un magnetismo tal que nadie se resiste a asomarse a la plaza desde allí aunque sea por un instante. Desde que Juan Domingo Perón salió por primera vez al balcón principal de la Casa Rosada, el 17 de octubre de 1945, casi todos los presidentes democráticos buscaron su momento de protagonismo ante la multitud. Incluso los dictadores Jorge Rafael Videla y Leopoldo Galtieri, en su intento de captar a las masas.
No contemos a los peronistas, que se sienten con el derecho de uso de marca. Raúl Alfonsín eligió hablarle a la gente desde el Cabildo el día de su asunción, el 10 de diciembre de 1983. Pero no dudó en salir al balcón más famoso cuando la convocó a defender la democracia ante los ataques carapintadas, en la Semana Santa de 1987. Fernando de la Rúa hizo lo propio el día de su asunción. Y hasta Mauricio Macri se permitió bailar al son de “No me arrepiento de este amor”, el hitazo de Gilda.
Javier Milei, que parece despreciar cualquier gesto de “populismo”, suele asomarse “para saludar a la gente en la plaza”, aunque no sea mucha. El sábado pasado tuvo su baño de multitud. Eran venezolanos que vitoreaban al excandidato presidencial de su país Edmundo González Urrutia.
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