Mindy Seu, artista: “La Generación Z tiene menos sexo porque ya no necesita el tacto en su intimidad”
La investigadora y profesora de la UCLA presentó una ‘performance’ sobre la historia sexual de internet en el festival Sónar
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BARCELONA.- Nos citamos con la artista Mindy Seu (California, 35 años) en el festival Sónar +D ignorando que, un par de horas después, se convertiría en la Tech Domme (lo que vendría a ser una dominatrix tecnológica) de nuestros teléfonos.
Profesora en el departamento de Design Media Arts de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), la autora de Cyberfeminism Index—una especie de enciclopedia que recoge tres décadas de activismo online y net art, estrenada en el New Museum y premiada con una Graham Foundation Grant— ofició una performance a oscuras en la Llotja de Mar de Barcelona con más de un centenar de personas leyendo textos que invadieron sus móviles y que estaban controlados por la artista. Se trataba de A Sexual History of the Internet (2025), una investigación que también ha publicado en guía y en la que asegura que el trabajo sexual ha sido clave en la evolución de la World Wide Web.
-En su libro afirma que el “pussy capital” y el trabajo femenino han sido claves en la historia y desarrollo de internet.
-Incluso antes de que las computadoras fueran máquinas, eran las mujeres a las que, literalmente, se las llamaba “computers” porque trabajaban como matemáticas y secretarias. Si no se les ha dado el crédito que merecen, no es por un borrado intencionado, sino porque la historia siempre se escribe desde la perspectiva de los vencedores y se romantiza a un héroe individual en lugar del esfuerzo colectivo que impulsó el cambio.
-Dice que el sexo ha sido el motor de buena parte de la transformación del ciberespacio.
-Los humanos somos seres lujuriosos y eso se extiende a nuestra relación con la tecnología. Te pondré como ejemplo la invención del JPG. A mediados de 1973, el equipo del profesor Alexander Sawchuck del Signal and Image Processing Institute de la Universidad de California estaba investigando cómo comprimir imágenes y utilizaron como prueba un desnudo de Playboy de 1972 en el que aparecía la modelo sueca Lena Forsén [nacida Lena Sjööblom]. Ella nunca dio el consentimiento a ser analizada millones de veces y ahora está prohibido reproducir esa foto en las conferencias sobre computación, pero aquella Lena desnuda fue el rostro de la invención de ese nuevo formato que lo cambiaría todo.

-El deseo sexual siempre ha estado ahí: Google Imágenes se inventó por la locura que desató el vestido escotado de Jennifer López en los Grammy y Facebook se ideó votando el atractivo de las mujeres.
-El patrón se ha repetido una y otra vez, pero también se ha expulsado de esa transformación a quienes han propulsado el cambio. Como recuerda el colectivo Hacking//Hustling, las trabajadoras sexuales han sido pioneras en el desarrollo web, como las webcamers o streamers primigenias que abrieron el camino a todos esos creadores de contenido que vemos hoy en día.
-Poca gente lo sabe, pero así se creó Patreon.
-El actual sistema de suscripciones para la creación de contenido cultural, al principio, fue una herramienta que usaban principalmente las trabajadoras sexuales. Cuando se volvió más popular, se expulsó a esas creadoras y se transformó en una plataforma de suscripción al uso. Es algo que también se ha dado con los servicios de streaming. En todas esas innovaciones siempre estuvo el trabajo sexual de muchas mujeres. Es algo que no deberíamos ignorar al contar la historia de internet.
-Cree que lo que se considera “obsceno” en la moderación de contenidos digital se ha convertido en una forma de censura ultra.
-No conozco el contexto específico de cómo funciona en España, pero en Estados Unidos las leyes sobre obscenidad no están claramente definidas y están muy relacionadas con la agenda política. La historiadora del porno Noelle Perdue siempre recuerda que muchas películas de los ochenta que mostraban relaciones birraciales, aunque no había sexo en pantalla, fueron prohibidas. Es un gran ejemplo para entender cómo lo obsceno suele estar alineado con la agenda conservadora. El repliegue ultra y nacionalista actual también explica por qué cada vez se nos esconde más contenido en la red.
-Ha reflexionado sobre la “cara de Instagram”. ¿La invasión en redes de un modelo único de belleza femenina que también censura otras formas de belleza?
-Sí, y el acceso a la cara que recomiendan los algoritmos y las cámaras de eco también se ha convertido un símbolo de riqueza. Ya no solo se trata de comer bien y respirar aire limpio, sino de poder pagarse cirugías, inyectables o la posibilidad de tener tiempo para recuperarse de esos tratamientos. Exhibir los vendajes de la cirugía por la calle, en algunos puntos de Asia, ahora es motivo de orgullo porque prueba que se ha pagado y accedido a algo inalcanzable para la mayoría. Es lo que marca la diferencia entre los súperricos y quienes solo pueden consumir esas imágenes en línea. A mis alumnos les generan mucha ansiedad las redes sociales.
-¿Cómo aborda con sus estudiantes las conversaciones sobre sexo e internet?
-A menudo escuchamos que la Generación Z no está teniendo sexo, ¿verdad? Ese parece que es el gran debate. Creo que si la Generación Z tiene menos sexo es porque su idea de intimidad no es tan física como antes, ya no necesita solo ese contacto. Para personas que han sido socializadas y sexualizadas en el mundo online, su medio para acceder al sexo no es solo físico, también es visual, auditivo y textual. No es tan visceral, sino multisensorial. El tacto no lo es todo. Ese nuevo ideal de intimidad ocurre en entornos digitales que no son tan físicos como los que quizá tú y yo experimentamos al crecer sin internet. Esto no es una crítica, sino una diferencia observable porque su entorno social es distinto. Si no escuchan música como yo lo hacía, ¿por qué van a tener que hacerlo todo igual? Es un panorama en continuo cambio y creo que deberíamos intentar comprenderlo sin juzgarlo.
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