Prioridades
Una de las funciones neurológicas más sutiles es la administración de las prioridades. Cuanto más primitivo el organismo, más sometido está a estímulos y respuestas autónomas. Es el caso de la polilla orbitando una lámpara sin poder parar. En el otro extremo del dial estamos los humanos, que somos capaces de establecer la prioridad de una cierta acción en un pestañeo.
Pero, como era de esperarse, no todas las prioridades nacen iguales, y esta destreza, en el mundo real y en una sociedad organizada, requiere un entrenamiento sostenido y consistente. Un diario, una sala de guardia o el cockpit de una aeronave durante una emergencia son ejemplos bien conocidos del delicado arte de priorizar. Cuando el 15 de enero de 2009 Chesley Sullenberger decidió acuatizar el vuelo 1549 de US Airways en el río Hudson, su mente fue capaz de ordenar cientos de variables e incógnitas en una lista que, arriba de todo, tenía una prioridad de la que dependía todo lo demás. La vida de los pasajeros no era negociable.
Cualquier actividad humana, hasta la más insignificante, requiere la administración correcta de prioridades, ni qué decir las más cruciales. A lo mejor deberíamos tomarnos en serio el impartir esta clase de entrenamiento desde una edad temprana.
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