El beso de Luis Rubiales a Jenni Hermoso: la cronología del escándalo que sacudió al fútbol de España tras salir campeón del Mundial femenino
El presidente de la RFEF se rehusó a dejar su cargo o retractarse por el gesto, lo que provocó la renuncia de 81 jugadoras a la selección, incluyendo todo el plantel que se consagró campeón del mundo hace menos de una semana
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En apenas seis días, España pasó de uno de sus momentos más gloriosos en el fútbol a un bochorno mundial y un futuro más incierto que nunca. En cuestión de días desde que la selección ibérica se consagró campeona del Mundial femenino en Australia y Nueva Zelanda, el presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), Luis Rubiales, se convirtió en el foco de la polémica tras el beso que le dio a la jugadora Jenni Hermoso sin su consentimiento, se rehusó a dejar su cargo, desestimó el incidente y provocó que 81 futbolistas, incluyendo las 23 que conformaron el plantel mundialista, renunciaran al equipo hasta que haya cambios en la dirigencia. En el medio hubo un sinfín de dichos y contradichos, pedidos de perdón que no fueron tales y un escándalo que no parece tener solución a la vista.
El origen de la controversia se gestó en el mismo momento de gloria de las futbolistas, mientras iban a buscar sus medallas por vencer a Inglaterra por 1-0 en la definición en Sydney. Rubiales, que anteriormente había sido captado por las cámaras televisivas tomándose la ingle para festejar el campeonato, mantuvo su efusividad sobre la tarima, y cuando pasó Hermoso la recibió con un fuerte abrazo y un “pico” mientras agarraba su cabeza con ambas manos. Horas después, la volante se expresó en una transmisión de Instagram desde el vestuario de las campeonas. Tanto sus compañeras como el chat de su cuenta le consultaron por el incidente, que en aquel momento ya había comenzado a trascender en las redes sociales, y posteriormente vio el video de la acción de nuevo. Su respuesta ya daba a entender que no estuvo de acuerdo con el gesto, pero que no tuvo demasiado margen de maniobra para evitarlo: “No me ha gustado, ¿pero qué hago yo?”.
Rubiales entró rápidamente al vestidor para dar a entender que la relación entre ambos seguía siendo amable, y la RFEF envió un comunicado firmado por Hermoso ratificando que no pasaría a mayores: “No se puede dar más vueltas a un gesto de amistad y gratitud. Hemos ganado un Mundial y no vamos a desviarnos de lo importante”. Sin embargo, cuando la imagen comenzó a dar la vuelta al mundo se comenzó a gestar el repudio generalizado por el gesto, algo que se acrecentó por un pedido de disculpas públicas del mandamás al día siguiente, apuntado “a los que se sienten ofendidos” y porque “no quedó otra”. Su opositor más acérrimo resultó ser el mismísimo presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. “Lo que vimos fue un gesto inaceptable. Las disculpas no han sido suficientes. No son adecuadas. Tiene que seguir dando pasos el señor Rubiales”, apuntó cuando recibió a las jugadoras en la Moncloa.
El verdadero escándalo no se desataría hasta el martes 22, a partir de que el medio digital Relevo revelara que aquellas declaraciones atribuidas a la jugadora que publicó la RFEF no eran de ella, y que tanto Rubiales como el entrenador Jorge Vilda presionaron sin éxito para que Hermoso apareciera en video junto al presidente para apaciguar la tensión. A partir de ahí, la presión social escaló de manera masiva, y el poder político español comenzó a trabajar en la destitución del exfutbolista. Por su parte, Hermoso se limitó a comunicar el miércoles que exigiría acciones legales para esclarecer lo ocurrido: “Mi sindicato Futpro, en coordinación con mi agencia TMJ, se están encargando de defender mis intereses y ser los interlocutores sobre este asunto”.

Ante el repudio generalizado, el jueves trascendió la información de que Rubiales finalmente llamaría a una asamblea extraordinaria al día siguiente para dar un paso al costado. Pero una vez allí, fue en la dirección contraria: “Me he equivocado y no era el momento de hacer ese gesto. ¿Es tan grave como para que yo me vaya, habiendo hecho la mejor gestión de la historia del fútbol español? ¿Ustedes creen que tengo que dimitir? Les voy a decir algo: ¡No voy a dimitir!”, bramó, y lo repitió otras tres veces con vehemencia. En la misma asamblea insistió con que el beso fue “espontáneo, mutuo y consentido”, y lo comparó con un gesto hacia su hija.
Un momento que debería ser lindo se convirtió en esto!
— Estefania Banini (@EstefiBanini_10) August 25, 2023
Seguimos viendo machismo y abuso de poder en el fútbol femenino.
Es muy triste, pero contas con el apoyo de mucha gente!
Estamos con vos @Jennihermoso https://t.co/lhZfXQO3xh
Aquella demostración fue demasiado para el fútbol femenino español. En el marco de permanentes críticas de hombres y mujeres en el deporte, incluyendo a la argentina Estefanía Banini (hoy en Atlético de Madrid), 81 jugadoras anunciaron que no volverían a vestir la camiseta española y Hermoso ratificó que el gesto no fue consensuado, recibió presiones a su familia y amigos y que se sintió “vulnerable y víctima de una agresión”.
Por su parte, el gobierno de España confirmó que irá al TAS para buscar remover a Rubiales por la vía legal agresión sexual. La FIFA también le abrió un expediente disciplinario. A menos de una semana de lo que creía como un logro de gestión, Rubiales quedó acorralado y eligió redoblar una apuesta que le podría costar muy caro. Y que los protagonistas esperan que genere cambios permanentes en el deporte.
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