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ATLANTA (enviado especial).- Esas lágrimas no paraban de rodar por las mejillas del gran capitán. Simbolizaban el sufrimiento de todo el país, el desahogo de sus compañeros. La alegría del mejor de los nuestros. Y si él es feliz, todos lo somos. Con su impronta, había viajado de su penal fallado en el primer tiempo a ser el motor de la remontada más espectacular del Mundial, que depositó a la vigente campeona del mundo en los cuartos de final, luego de un inolvidable 3-2 ante Egipto.
“Volvimos a sufrir muchísimo, pero esto es el Mundial y todos los partidos se están dando muy igualados, así que estoy muy feliz”, dijo una hora después el capitán, mientras sus compañeros festejaban en el vestuario y otros habían vuelto a la tribuna del estadio de Atlanta para abrazar a sus familiares.

“Fue un alivio para todos, no es fácil levantar un 2 a 0 pero este grupo no baja los brazos nunca, intenta hasta el final. Tuvimos la suerte de conseguir el gol de Cuti rápido, lo pudimos dar vuelta y en los 90 minutos”, agregó. “Es una locura lo que hizo este grupo hoy y estoy muy feliz de que la gente pueda seguir disfrutando de lo que hacemos”, destacó el capitán.
Si un día iba a terminar la historia, no iba a ser hoy. El libro de oro de la leyenda argentina todavía tiene un espacio más en sus últimas páginas. Para algunos, la despedida de gloria de los Mundiales parece que solo puede darse de una forma: con una nueva copa del mundo en sus manos dentro de doce días en Nueva York. Ya en Qatar el rosarino se sacó ese peso y pagó las deudas por él y varias generaciones.
Lo que se vivió esta tarde en Atlanta podría ser el epílogo de una vida vivida en mil vidas. Sin piernas, caído anímicamente, con un resultado adverso hasta los últimos diez minutos, Messi decidió que hoy no iba a ser su despedida. Y todos le agradecemos que así lo haya decidido.
Habían pasado diez minutos desde el pitazo final de la batalla contra Egipto en los octavos de final de este Mundial 2026. Los jugadores argentinos seguían en la medialuna del arco donde Cuti Romero, Messi y Enzo Fernández dieron vuelta una historia que parecía sentenciada.

En el césped del imponente estadio techado, con aire acondicionado y pasillos de lujo, se fundían en un solo abrazo los 40 mil argentinos que deliraban en las tribunas y los 26 jugadores que no paraban de cantar al ritmo de cumbia, del “el que no salta es un inglés” y de “que de la mano de Leo Messi”.
Los celulares estallaban en miles de flashes en busca de capturar ese instante. Las videollamadas con familiares y amigos a miles de kilómetros de distancia servían para mostrar lágrimas acá y allá. No importaba la conversación. Era un “vamos” fuerte con los puños bien cerrados.
Entre tanto amor y desahogo, él siguió detrás. De Paul y Paredes volvieron a abrazarlo. Cuando el cartel lo nombró como figura del partido sus compañeros/amigos lo levantaron en el círculo central. Lo revolearon por el aire. Ahí largó su primera sonrisa, todavía con los ojos rojos.
Después del llamado de atención que significó el partido anterior contra Cabo Verde, los dos mazazos egipcios parecieron decretar la despedida argentina antes de tiempo. La sombra de Brasil, Portugal y Países Bajos sobrevoló el estadio de Atlanta ante los campeones del mundo durante gran parte del encuentro.
Como ya había pasado contra Cabo Verde, la selección no logró hacer pie en muchos pasajes. Ya en los primeros minutos del partido, el equipo de Salah le complicó la salida a una selección que nunca se sintió cómoda. Así llegó el primer gol de cabeza tras un centro desde la derecha.
La aparición inicial del 10 ocurrió recién en el minuto 18. Combinó con Enzo Fernández, que habilitó a Tagliafico. El defensor ganó la posición y le cometieron penal. Como siempre, Messi se hizo cargo. La gran figura egipcia de la primera parte, el arquero Shobeir, le adivinó el palo y le desvió el tiro. Segundo penal pateado, segundo penal errado en este torneo. Un récord que quizás nadie recordará en sus estadísticas: es el jugador que más penales erró en Copas del Mundo (1 en Rusia, 1 en Qatar y 2 en este).
“Me había quedado con mucha bronca en el penal, por haber errado y patearlo mal. Si yo hacía el penal, hubiera cambiado el partido. Tuvimos situaciones claras y el arquero sacó pelotas increíbles. Es algo muy especial ayudar a este grupo después de lo que había pasado internamente”, dijo Messi tras terminar.
La pausa de hidratación de la primera etapa llegó para evitar que todo el equipo cayera en un pozo después del penal fallado. Sin embargo, desde ahí llegaron las mejores opciones de la selección en el primer tiempo. Entre ellas, un tiro libre en el palo.
En el segundo tiempo, Messi chocó contra la férrea defensa egipcia. Intentó gambetar ingresando por el medio, pero no hubo forma. El segundo gol anulado a Egipto a instancias del VAR, con polémica, le dio una vida más a una selección que nunca se hizo dueña del partido.
Con el 2-0 se acercaba la última función. Un equipo sin ideas y el as de espadas extenuado: la suerte parecía echada. Aún para los campeones de las mil batallas ganadas.
Con el descuento de Cuti Romero, nacido en un centro preciso del capitán, Messi avisó que todavía tenía resto.
En el minuto 80 realizó una gran apilada sobre la derecha, centro atrás y Lautaro Martínez se llevó por delante el empate. A esa altura, Cuti estaba de 9, junto a Julián y Lautaro.

A los 38 minutos llegó el furioso remate que el 10 tomó dentro del área. El arquero la alcanzó a tocar, travesaño y gol para que lo gritara con todo la mayoría del estadio, el país y cada rincón donde hubo hoy un argentino.
El cabezazo de Enzo Fernández extendió la vida de la selección de Messi, al menos, hasta el sábado.
Scaloni, todavía emocionado por la batalla, se hizo propias unas palabras que el capitán dejó acuñadas tras aquella dolorosa derrota ante Arabia Saudita en el debut del Mundial de Qatar. Se refirió a este grupo de jugadores: “No los van a dejar tirados, es así, es lo que se nota, lo que se palpa”. Y se refirió a lo que le dijo al grupo en el vestuario sobre su capitán. “Que lo tomen como ejemplo, es algo maravilloso”.
De aquel Messi que salía con el gesto adusto a este que choca las palmas de todos los chicos que lo esperan para salir al estadio. De aquel que agachaba la cabeza en las frustraciones, a este que llora y se emociona sin tapujos.
Todos crecimos con él. Todos nos emocionamos con él. Todos lloramos con él.




