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El fútbol es el deporte que más se resiste a la modernidad. Es extremadamente conservador. Fue el último en aceptar la utilización del VAR y, desde que llegó, lo único que se hace es criticar la herramienta. Este debería ser el Mundial en el que la Big Data, combinada con la IA, decida las estrategias. Es cierto, los números pueden fallar cuando se trata de índices de posibilidades. Puede uno caer en el lado malo de la probabilidad. Pero eso no echará por tierra la idea de que todo lo que quedó en el segmento de mayor porcentual de la tendencia tendrá más eficacia.
El problema con los Mundiales es que las muestras son más pequeñas. Cuanto mayor cantidad de partidos se analicen en lapsos más largos, más precisión tendrá la conclusión. Por eso son mejores las estadísticas de todo un año, incluyendo grandes torneos.
Un ejemplo claro, en la actualidad, es el de los goles esperados. Llegar a posiciones de remates con mejores porcentajes de acierto (goles esperados), debería ser la búsqueda para la mayoría de los equipos. Eso, incluso, sin tener en cuenta las posibilidades de desprotegerse defensivamente. Si por esa intención se convirtiesen dos goles y se recibiese uno, seguirá siendo más efectiva. Tal vez no sea casualidad que dos de los equipos más ofensivos de la Champions League, PSG y Bayern Munich, hayan llegado tal lejos. Y cuidado: no hay que confundir el tema con la posesión. Más ataques directos no necesariamente implican más posesión.
Luis Enrique instauró la costumbre de tirar la pelota afuera apenas comenzado el partido. Sus jugadores, si tienen el saque del medio, lanzan el balón como los rugbiers buscan el touch para ganar metros en el territorio adversario. El DT español lo que busca es arrinconar a su adversario. No siempre sale, claro. Pero es la muestra grande la que cuenta. Si la probabilidad es que, gracias a esa estrategia, el equipo se posiciona en campo rival en los primeros diez minutos del encuentro, lo agobia, no lo deja generar peligro y, en ocasiones, hasta le convierte un gol, entonces vale la pena.

Desde la mirada purista, podría observarse: desprecian la pelota, la patean afuera intencionalmente. Todas las opiniones cuentan. Tanto como que el ciento por ciento de los participantes del juego tienen por objetivo ganar el match.
Se hablaba de otros deportes. En la NBA, los índices demostraron que lanzar más triples o tiros muy cerca del aro mejorarían las posibilidades de éxito. Incluso cuando el porcentaje de tres puntos bajara, la puntuación aumentaría y, por ende, la chance de victoria.
Eso cambió el deporte drásticamente... pero no para siempre. Las defensas se concentran en la actualidad en cubrir el aro y los lanzamientos de tres puntos. Dejaron una franja amplia en el rango medio de lanzamientos desprotegida. Poco a poco, comenzaron a resurgir los tiradores de media distancia, entonces. El básquetbol no cambió todavía su tendencia. Pero no debería sorprender que lo haga en un futuro. La evolución no se detiene.
Lo mismo pasa con el fútbol. Cuando alguien decide tirar la pelota afuera adrede, recibe burlas por intentar algo que no le da garantías de conseguir algo positivo. Se lo observa como una rareza de ‘nerds’. Pero sí le da un porcentaje mayor. Entenderlo, debería ser simple. Pero el seguidor más tradicional se negará a aceptarlo. Se abrazan a los momentos en los que la táctica falló para justificar con eso la decisión. Curiosamente, el que cuestiona los datos, argumenta lo contrario... por un resultado.
Pero hay otro elemento que se puso muy de moda en los últimos años. Es el de los kilómetros recorridos. Todos los futbolistas ya llevan sus corpiños con GPS para el control. Los números se observan en tiempo real en las tablets en los bancos de suplentes.
En ese aspecto, hay una tendencia que demuestra que el equipo con mejor promedio de kilómetros recorridos por jugador tiene más posibilidades de ganar el partido. No significa que juegue mejor. Nadie lo explicó mejor que Marcelo Bielsa, en un análisis sobre su seleccionado actual, Uruguay.
El Loco, siempre interesado en que no se lo encasille como un entrenador exageradamente táctico o que desprecia la técnica, introdujo varios incidentales. “Correr mucho no significa jugar bien. Pero el que corre mucho nunca juega mal. Porque tiene un estado de ánimo que activa sus virtudes. A través de la energía activa todo lo que lleva dentro”, explicó.
Tiene lógica, entonces, solicitar a los equipos que siempre intenten correr más que sus adversarios. La estadística demuestra que eso es lo que otorgará una ventaja.

Hasta que termina la primera fecha del Mundial. Y las estadísticas oficiales de la FIFA muestran a los jugadores de mejor rendimiento. Delanteros con más kilómetros recorridos: Dailon Livramento (Cabo Verde), 11,49 kilómetros por cada 90 minutos; Relebohile Mofokeng (Sudáfrica), 11,36; Elias Saad (Túnez), 11,03; Jeremy Antonisse (Curazao), 11,02, y Thiago Almada (Argentina), 10,95. Entre los cinco no convirtieron ni tan siquiera un gol.
¿Cuánto corrieron los delanteros consagrados? Kai Havertz (Alemania), 10,41; Harry Kane (Inglaterra), 10,13; Vinicius (Brasil), 8,74; Erling Haaland (Noruega), 8,37; Kylian Mbappé (Francia), 8,23, y Cristiano Ronaldo (Portugal), 7,52 (el segundo entre los peores).

El atacante con la peor tasa de kilómetros corridos en toda la primera rueda fue... Lionel Messi, con 7,33 kilómetros. El peor de 122 jugadores analizados. Casi que corrió más en los festejos que en el juego. Aclaración: Messi jugó 84 minutos, pero la tasa hace una estimación de cuánto hubiera corrido si completaba el partido. En realidad, corrió 6,81 kilómetros.
Y es justamente este el momento en el que el GPS empieza a ser desacreditado. Los conservadores podrán festejar el dato como la mayor de las victorias.
Pero entre las celebraciones, sería bueno que no olviden que Messi es el mayor talento futbolístico de la historia, que lógicamente correrá mucho menos que la mayoría, cuando falta una semana para que cumpla 39 años. Justamente es la excepción. Y en lo que deben pensar es en que su caso no termine justificando la regla.




