Lindsey Graham: el senador que pasó de llamar “loco” a Trump a convertirse en uno de sus aliados más fieles
El republicano de Carolina del Sur construyó una de las carreras más extensas e influyentes del Congreso de Estados Unidos
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WASHINGTON.- Lindsey Graham, el senador que pasó de desafiar a Trump a convertirse en uno de sus aliados más fieles, murió el sábado a los 71 años tras una “breve y repentina enfermedad”, según informó su oficina.
Con una trayectoria de más de tres décadas en el Congreso de Estados Unidos, el republicano de Carolina del Sur dejó una huella que combinó intervencionismo en política exterior, habilidad para construir acuerdos entre partidos y una llamativa transformación política durante la era Trump.
Elegido por primera vez para la Cámara de Representantes en la ola republicana de 1994, Graham fue uno de los fiscales políticos del juicio de destitución contra el presidente Bill Clinton.
Hasta sus últimos días mantuvo una intensa actividad pública. El mes pasado había ganado con comodidad la primaria republicana en Carolina del Sur.
En el discurso con el que celebró aquella victoria, Graham volvió a exhibir la cercanía que había construido con Trump. “Quiero agradecerle al más grande, Dios. Trump viene después. Señor Presidente, usted no está muy lejos de Dios, pero vamos a empezar por Él”, afirmó.
Una infancia detrás de un bar
Lindsey Olin Graham nació el 9 de julio de 1955 en Central, una pequeña ciudad de Carolina del Sur cuyo nombre refleja su ubicación entre Charlotte y Atlanta.
Su infancia transcurrió literalmente detrás del negocio familiar. Sus padres, Millie y Florence James “F.J.” Graham, administraban el Sanitary Cafe, un establecimiento que funcionaba como restaurante, bar, salón de pool y licorería. Mientras su padre atendía a los trabajadores de las fábricas de la zona, el joven Lindsey contestaba llamados telefónicos y acomodaba las mesas de billar.
Con los años diría, medio en broma, que allí había aprendido todo lo que necesitaba saber sobre política. Recordaba especialmente las llamadas de mujeres que buscaban a sus maridos. “Él dice que no está”, respondía, aun cuando el hombre estuviera sentado a pocos metros.
Fue el primer integrante de su familia en llegar a la universidad. Ingresó en la Universidad de Carolina del Sur con la intención de desarrollar una carrera militar y soñaba con convertirse en piloto. Sin embargo, un problema en uno de sus oídos y sus malos resultados en matemáticas frustraron ese proyecto.
Cuando todavía cursaba sus estudios sufrió el golpe que marcaría el resto de su vida. Sus padres murieron con apenas dos años de diferencia y él quedó prácticamente solo al frente de la familia.
La responsabilidad recayó sobre sus hombros cuando su hermana Darline tenía apenas 13 años. La adolescente pasó a vivir con unos tíos, pero Graham quedó como su tutor legal. Más tarde, una vez graduado como abogado, llegó incluso a adoptarla para que pudiera acceder a los beneficios que le correspondían por su carrera militar.
“Uno supone que todo va a ser como en las series de televisión, pero la vida no siempre resulta así”, le contó al Washington Post en 1998. “De repente tenía una adolescente a mi cargo. Salió muy bien a pesar de mí. Probablemente estaba un poco loco. Nunca la dejaba salir con chicos. Le olía la ropa para saber si había fumado. Escuchaba sus llamadas telefónicas. Creo que me excedía porque sentía una enorme responsabilidad por ella.”
Su hermana siempre sostuvo que Lindsey había ocupado todos los lugares posibles en su vida. “Fue un hermano, un padre y una madre al mismo tiempo”, resumió años después. Graham nunca se casó.
Del uniforme a la política
Recién recibido de abogado, en 1981 ingresó al cuerpo jurídico de la Fuerza Aérea de Estados Unidos.
Tras dejar el servicio activo regresó a Carolina del Sur y comenzó su carrera política. Primero integró la legislatura estatal durante dos años y, en 1994, obtuvo un escaño en la Cámara de Representantes.
Se retiró veinte años después con el grado de coronel, tras cumplir varias misiones en Irak y Afganistán. También se convirtió en el primer senador estadounidense en décadas que prestó servicio militar activo en una zona de combate mientras ocupaba una banca en el Congreso.
Del senador independiente al aliado de Trump
En 2002 ganó la elección para ocupar la banca que dejaba vacante Strom Thurmond.
Ya instalado en la Cámara alta, construyó una reputación poco habitual para un republicano conservador: la de un legislador dispuesto a negociar con los demócratas.
Entre sus amistades más inesperadas apareció la entonces senadora Hillary Clinton. Pese a que pocos años antes había participado como uno de los fiscales en el juicio político contra Bill Clinton, ambos desarrollaron una relación de respeto.
Su imagen de dirigente independiente también se fortaleció gracias a su estrecha relación con John McCain. Graham respaldó la candidatura presidencial de McCain en las internas republicanas de 2000 y compartía con él una visión intervencionista de la política exterior.
En 2015 decidió lanzarse como precandidato presidencial. Más allá de sus posiciones firmes en materia internacional, dentro del Partido Republicano era considerado un dirigente relativamente moderado.
Pero el escenario político había cambiado. Mientras Graham defendía el papel tradicional de Estados Unidos en el mundo, Donald Trump canalizaba el descontento de buena parte del electorado republicano con un mensaje nacionalista y populista.
Durante aquella campaña ambos chocaron repetidas veces. Graham calificó a Trump de “idiota” y de “loco”, mientras que el empresario respondió difundiendo públicamente el número de teléfono celular del senador durante un acto de campaña.
La candidatura de Graham terminó antes de que comenzaran las primeras votaciones. Después apoyó primero al exgobernador Jeb Bush y más tarde al senador Ted Cruz, aunque ninguno logró frenar el ascenso de Trump hacia la Casa Blanca.
Una transformación política
La llegada de Trump al poder modificó profundamente la relación entre ambos.
Pese a que el entonces presidente había ridiculizado públicamente a John McCain —el amigo más cercano y referente político de Graham—, el senador comenzó a acercarse cada vez más a la Casa Blanca.
Él mismo rechazó las acusaciones de oportunismo y sostuvo que simplemente había aceptado el veredicto de los votantes.
Con el paso del tiempo, ambos desarrollaron una relación muy cercana. Compartían jornadas de golf y Graham se convirtió en uno de los dirigentes republicanos que con mayor frecuencia defendían públicamente al presidente.
Steve Largent, excongresista y amigo personal del senador, explicó ese vínculo en una entrevista con New York Magazine. “Creo que Lindsey terminó apreciando mucho más al presidente de lo que imaginó. Sentía que, de alguna manera, era el adulto en la habitación. Hay algo en la afabilidad y también en la ingenuidad de Trump que lo atraía”.
La relación atravesó un momento crítico después del asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021.
Conmovido por la violencia de aquella jornada, Graham pareció romper definitivamente con Trump.
“Trump y yo recorrimos un camino increíble juntos. Me duele que termine así. Dios mío, me duele. Desde mi punto de vista fue un presidente trascendente, pero hoy solo puedo decir una cosa: conmigo no cuenten más. Ya fue suficiente”, declaró.
Sin embargo, esa ruptura duró poco.
Un mes después decidió no acompañar a los siete senadores republicanos que votaron a favor de condenar a Trump por incitación a la insurrección durante el segundo juicio político en su contra.
Cuando el expresidente recuperó fuerza política de cara a las elecciones de 2024, Graham volvió rápidamente a ocupar un lugar entre sus principales aliados.

En la campaña para las primarias de este año convirtió incluso el respaldo de Trump en uno de sus principales argumentos frente a los votantes de Carolina del Sur.
Para sus admiradores, Graham fue un senador experimentado, con un profundo conocimiento de la política internacional y una firme defensa del liderazgo estadounidense en el mundo. Para sus detractores, su acercamiento a Trump representó una renuncia a las convicciones que había exhibido durante buena parte de su vida pública.
Aun así, incluso muchos de sus adversarios reconocieron el peso que tuvo dentro del Senado y la influencia que ejerció en la política exterior de Estados Unidos.
Hasta el final de su vida, Graham siguió ocupando un lugar central en el Partido Republicano. Su muerte cerró una trayectoria marcada por profundas contradicciones políticas, una intensa actividad pública y una historia personal atravesada por responsabilidades que llegaron demasiado temprano: el chico que creció detrás del mostrador de un pequeño bar de Carolina del Sur terminó convertido en uno de los senadores más influyentes de Estados Unidos y en uno de los rostros más representativos de la transformación del Partido Republicano durante la última década.
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