Los terremotos exponen la fragilidad de la infraestructura venezolana tras años de chavismo
La catástrofe encontró servicios básicos debilitados, hospitales sin recursos y equipos de emergencia deteriorados, en medio de una crisis acumulada que limita la capacidad de respuesta ante el desastre
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CÚCUTA.- La multitud celebraba el Día de San Juan Bautista en la localidad costera de Naiguatá a golpe de tambores, como siempre, entre sudor, bailes y alegría. Hasta que la tierra comenzó a temblar como si fuera parte de la misma coreografía. Los gritos sustituyeron a los cánticos mientras dos terremotos consecutivos volvían a cambiar la historia de un país lleno de enormes cicatrices.
Wczoraj w Naiguata, niewielkiej miejscowości w stanie La Guaira, odbywały się doroczne obchody święta Świętego Jana Chrzciciela. Zawsze zjeżdżają się na nie tysiące wiernych i ciekawskich, aby w upale i przy transowych uderzeniach bębnów wziąć udział w ulicznych uroczystościach.… pic.twitter.com/Hh2eI4SRGI
— Tomasz Surdel (@TomekSurdel) June 25, 2026
Que la zona cero se haya situado en el estado costero de La Guaira, colindante a Caracas, el mismo que fue sepultado en buena parte por un inmenso deslave de barro y rocas gigantescas en 1999, no es una simple casualidad geográfica por su cercanía con el epicentro en Morón, más al oeste. Hugo Chávez, recién llegado al poder, prometió una y otra vez que convertiría la zona siniestrada, en la que al menos murieron 30.000 personas, en un balneario al estilo de Cancún.
Nada de ello sucedió, se reconstruyó a fuerza de improvisación con el sello “made in revolución”, todo lo contrario a lo sucedido tras el gran terremoto de 1967 en Caracas, que convirtió a la capital venezolana en una ciudad antisísmica, que ayer resistió como pudo los embates de los dos sismos.

La nueva catástrofe llega cuando Venezuela ha sufrido durante 27 años un terremoto diario de baja intensidad, que ha convertido a uno de los países más ricos de la región en un país resquebrajado, que todavía conserva en sus entrañas la mayor reserva petrolera del planeta y entre las mayores del mundo en gas y oro.
Los equipos de rescate trabajaban con lo que podían porque tanto Protección Civil como los bomberos han perdido equipos y materiales durante la gran crisis desatada a partir de 2013. Ambulancias, equipos, helicópteros de emergencia, protocolos se ha deteriorado con el paso de los años ante la incapacidad del Estado para mantenerlos, con la única ventaja que los edificios colapsados en Caracas están situados en los municipios más ricos de las capital.
🚨Con las primeras luces del día, continúan las labores de rescate en Venezuela. Equipos de emergencia y voluntarios siguen luchando contra el tiempo en busca de sobrevivientes y para asistir a las familias afectadas. pic.twitter.com/XZWCJtRMTK
— 𝑴𝒆𝒍ania🩵 (@melania0880) June 25, 2026
Desde que en 2010 comenzaran los apagones y los primeros racionamientos, el sistema eléctrico no ha hecho más que debilitarse víctima de la mala gestión, la falta de recursos y la corrupción convertida en un vampiro insaciable. Lo mismo ocurre con el servicio público del agua, que al día de hoy es un lujo para gran parte del país.
Así lo reflejó la última encuesta de condiciones de vida, Encovi, uno de los mejores termómetros para medir la hecatombe que no cesa. Los servicios básicos se han convertido en uno de los grandes quebraderos de los venezolanos, en especial la energía eléctrica: el 39% sufre apagones de varias horas todos los días y el 10% reporta que nunca ve la electricidad.

Con el agua ocurre algo parecido: sólo el 19% de los hogares disponen de un servicio diario y continuo. La situación ya era tan peliaguda antes de los terremotos que sólo el 44% de los estudiantes acudían regularmente a clases.
Con el sistema de salud ocurre algo parecido: es otra de las grandes víctimas del fracaso del chavismo. La Encuesta Nacional de Hospitales ha desvelado un año tras otro el deterioro del servicio médico público, que antes de la irrupción del chavismo fue considerado como uno de los mejores de la región. Apenas cuatro quirófanos por hospital estaban operativos en 2024, con sólo el 12% de personal de emergencia disponible en los centros médicos. Más del 90% de esos hospitales derivaba a los propios pacientes la compra de insumos porque el desabastecimiento de insumos básicos estaba en el 74%.

Según la organización Provea, el déficit en anestesia local estaba en el 51% y de oxígeno, en el 85%.
“Las cifras que comenzaremos a conocer desde este jueves serán terribles. Hay que tener eso claro, como también que Venezuela no está preparada para afrontar un desastre natural de esta magnitud, porque la tiranía chavista acabó con todo. Una vez más, dependemos de nosotros mismos. Nos toca crear redes de apoyo, información y solidaridad”, constató el politólogo Walter Molina Galdi.
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