¿Cuánto duran realmente los huevos duros en la heladera? Esto debés hacer si los guardás pelados
Pueden conservarse más tiempo de lo que muchos creen si se almacenan correctamente, ya sea con cáscara o pelados; mirá el paso a paso
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Los huevos duros son un alimento frecuente en los hogares debido a su alto contenido proteico y versatilidad en la cocina. Sin embargo, su duración depende de cómo se guarden después de cocerlos.
El consumo de huevos es habitual en distintas preparaciones. Entre ellas, los huevos duros destacan por poder utilizarse en ensaladas, ensaladas rusas o como acompañamiento de otros platos. Su almacenamiento adecuado permite mantener su seguridad y frescura durante varios días.
Uno de los factores que influye directamente en la duración de los huevos es su forma de almacenamiento. Se recomienda guardarlos en la heladera con la cáscara para limitar la acumulación de bacterias.
Se aconseja colocarlos en un envase hermético en la zona fría del refrigerador, evitando la puerta, ya que los cambios de temperatura pueden afectar su conservación. Además, los huevos deben refrigerarse como máximo dos horas después de cocerlos para prevenir sequedad y contaminación.

Cuando los huevos se pelan antes de guardarlos, deben colocarse en un recipiente hermético con papel absorbente húmedo encima o en un tazón con agua fría, cambiando el agua diariamente. Bajo estas condiciones, pueden conservarse entre dos y cuatro días.
Si se mantienen con cáscara en una caja hermética, alejados de olores fuertes, su duración puede extenderse hasta una semana. En todos los casos, es importante revisar el estado de los huevos antes de la fecha de caducidad.
Se deben desechar los huevos si la yema se adhiere a la cáscara o se despega con facilidad, lo que indica que han estado demasiado tiempo a temperatura ambiente. Un olor a azufre o un sabor y color anormales también son señales de que el huevo no es seguro para consumir.
Para mantener la calidad de los huevos duros, se debe respetar la refrigeración, usar envases adecuados y observar cualquier cambio en la textura, olor o sabor antes de consumirlos. Estas medidas contribuyen a prolongar su duración sin comprometer la seguridad alimentaria.
Por María Camila Salas Valencia
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