El sencillo truco para hacer la mejor salsa de tomate para una pizza
Con pocos ingredientes, la preparación tendrá un inconfundible gusto que realzará el sabor de la pizza; qué tener en cuenta
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Las pizzas, en sus miles de versiones, son una comida típica de la Argentina. El paso del tiempo no hizo más que modificar la receta de la masa para que sea más esponjosa, liviana y de fácil digestión. Sin embargo, uno de sus componentes esenciales, la salsa de tomate, mantuvo su estilo clásico, de pocos ingredientes y con un alto impacto a la hora de saborearla.
Las salsas son un acompañamiento ideal para cualquier receta. Realza el sabor, acompaña sutilmente en el paladar y le da una frescura especial al plato. En el caso de la pizza, su labor es ideal para “lubricar” la masa y así permitir que la mozzarella y otros quesos puedan amalgamarse de forma correcta.

Uno de los trucos más importantes se basa en conseguir los mejores tomates o una lata de tomates con pocos conservantes. Para los amantes de lo casero, se puede hervir esta verdura por un minuto y así desprenderse de la piel. Luego se triturará el alimento y se pasará a la siguiente etapa que será condimentarla; caso contrario, para los que no tienen el tiempo necesario para este proceso, se recomienda comprar la salsa en botella o en el recipiente metálico.
Para darle un toque especial, sin invadir la frescura del tomate, se precisará de un diente de ajo bien triturado, orégano, ají molido –para los más osados- y una buena cantidad de aceite de oliva que no solo le dará sabor, sino que hará más acuosa la preparación.

Al saltear el ajo, en primera instancia, para que desprenda su aroma, el aceite de oliva tomará un gusto especial que luego se lo trasladará a la salsa de tomate. A fuego mínimo o moderado –no en máximo porque quemará el ajo-, la preparación tomará cuerpo y empezará, de a poco, a espesarse. Opcional: una cucharadita de azúcar que le da un dulzor especial y único a la salsa.
Cuando la salsa comienza a burbujear, será el momento de que las especias se luzcan con sus colores y sabores. Un puñadito de orégano – o una cucharada sopera- y una pizca de ají molido se complementarán con el ajo.
Con tan solo cinco minutos de cocción serán necesarios para tener una salsa lista y apta para colocar en cualquier pizza. La clave está en no excederse con el tiempo de cocción ya que esta preparación irá al horno, junto a la masa, y puede secarse o perder su sabor.

Para que tenga una presencia inconfundible en el armado de la pizza, se aconseja que la salsa de tomate tenga una primera etapa en el horno, para que se impregne a la masa, y, antes de colocar la mozzarella –con más cuerpo y sabor que el queso cremoso-, volver a repetir el procedimiento para que su presencia no quede opacada.
De esta forma, con solo aceite de oliva, ajo y especias, una persona podrá hacer una salsa apta para una pizza. El truco está en la sencillez y en la cocción. El resto será obra de un horno para cocinar una de las recetas más aceptadas en la cultura gastronómica local.
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