
“Yo me convertí en el diablo para los censores de cada una de mis películas. Pero también era el diablo para los periodistas. Era el diablo para las madres, para la Iglesia. El diablo, el creador y escultor de la Belleza. El diablo, el transformador de jóvenes mujeres inocentes en diosas de dos dimensiones. El diablo de los barbazul, el casado, el divorciado. [...] Modestamente, lo dudo. Pero quién sabe. Si fuera cierto, sería halagador”, escribió el director de cine Roger Vadim en su libro Memoirs of the devil (Memorias del diablo).
A esa descripción podría agregársele un dato: Vadim, además, fue el gran conquistador. Lo fascinaban las actrices rubias, jóvenes y novatas. Un patrón claro. Aunque estuvo casado cinco veces, fueron tres las relaciones que alimentaron a una prensa voraz por los amoríos: Brigitte Bardot, Catherine Deneuve y Jane Fonda. Todas ellas en una tempranísima etapa de sus carreras, que el propio director ayudó a impulsar.

La diosa del amor
El 12 de mayo de 1953, con apenas 18 años, Brigitte Bardot emergió de las aguas del mar Mediterráneo en la bahía de Cannes, donde se encontraba anclado el portaaviones estadounidense USS Enterprise. Su presencia dejó atónita a la tripulación.
“No se había visto a la diosa del amor emerger del mar desde que Botticelli pintó a Venus flotando sobre una concha de nácar. Pero este fue el espectáculo que 2000 marinos estadounidenses presenciaron el 12 de mayo de 1953”, recordó años después Vadim en su otra autobiografía, Bardot, Deneuve, Fonda. La diosa era una casi desconocida Brigitte Bardot, o, como se la conocería más tarde, BB.

Vadim vio por primera vez a Bardot en 1949 en la portada de la revista Elle. Al día siguiente se la presentó a Marc Allégret, el director de cine suizo que planeaba filmar un guion de Vadim. Ambos coincidieron en que debía interpretar a la heroína y contactaron a sus padres para una prueba de cámara. En ese encuentro, el flechazo fue mutuo. Según relató él: “[...] Brigitte no dejaba de mirar al joven a quien Marc había presentado irónicamente como su colaborador. ‘Roger Vadim... él escribió el guion. Es perezoso, siempre llega tarde y tiene demasiado talento para su edad’. Brigitte estalló en una risita espontánea y contagiosa que me cautivó de inmediato. Más tarde ella confesó que también se había visto asaltada por un ‘grave ataque de amor a primera vista’”.

Aunque el proyecto no se filmó, ellos empezaron a encontrarse. Lo hacían en secreto por las restricciones que ponía la familia de ella: él tenía 21 años y ella, 15. “Nada anima más a la pasión que el secreto. El comportamiento intransigente del señor y la señora Bardot transformaron el primer romance de su hija en un drama épico. Brigitte era Julieta y yo, Romeo”, escribió.
Las cosas, sin embargo, llegaron a un extremo cuando, ante la prohibición explícita de que siguieran viéndose, Bardot intentó suicidarse abriendo el gas del horno en su casa. Había escrito antes una nota de despedida en la que explicitaba su desesperación por no poder estar con Vadim. Tras el incidente, sus padres cedieron con una condición: si en dos años, cuando ella cumpliera la mayoría de edad, seguían amándose, se podrían casar.

Lo hicieron. Esperaron. La boda se celebró en diciembre de 1952, apenas Brigitte cumplió 18 años. Sin embargo, el matrimonio se volvió conflictivo rápidamente. Vadim recordaba la “naturaleza profundamente aniñada” de Brigitte y sus constantes demandas de atención.
En su libro, lo ejemplificó: tras una fuerte discusión que no recuerda cómo se desarrolló la actriz lo dejó afuera de la casa argumentando que se había olvidado de sacar la basura. Él volvió a entrar tirando abajo la puerta y con suma violencia: “No recuerdo haberme sentido antes tan enojado como en ese momento. Quería pegarle, pero nunca le había levantado un dedo a una mujer, y no iba a hacerlo pese a la rabia. Era frustrante. Entonces tuve una idea que ahora parece extravagante. Logré forzar a Brigitte a tirarse al suelo sobre la gruesa alfombra de lana, arranqué el colchón de la cama y lo tiré sobre ella. Después empecé a saltar sobre el colchón limitándome al área que cubría su trasero”.

Además, y a la par, la pasión se diluía: “Hacer el amor con Brigitte me excitaba cada vez menos”, admitió Vadim, quien empezó a quererla más “como a una hija, como a alguien que tenés que proteger”. En 1956, durante el rodaje de Et Dieu... créa la femme (dirigida por Vadim), BB inició un romance con su coprotagonista, Jean-Louis Trintignant. “Brigitte todavía no estaba enamorada de Jean-Louis, por lo menos no de forma consciente, pero una especie de entendimiento íntimo creció entre los dos”, recordó él.
Ella terminó por confesarle la situación e incluso le pidió permiso para continuar el romance, porque Trintignant la había amenazado con no verla nunca más si no lo hacía. Vadim aceptó con la condición de que mantuvieran la convivencia hasta que terminaran el film. La película se hizo y fue un éxito absoluto, pero la pareja, al final, se disolvió. Poco después él se casó con la actriz danesa Annette Stroyberg, con quien tuvo a su hija Nathalie en diciembre de 1957, el mismo año de su divorcio legal de Bardot.
“Cuando algo se rompe, se rompe”
Pero Annette también tuvo un amorío (con el cantante Sacha Distel), por lo que terminó separándose en 1961. Ese mismo año, Vadim se cruzó con otra joven diosa en el Epi-Club de Montparnasse: “En ese entonces, yo era el único al que le parecía más hermosa que su hermana. Diez años después, la prensa se referiría a ella como ‘la mujer más hermosa del mundo’”, escribió después sobre la joven Catherine Deneuve, entonces de 17 años.

También ella recordaba el momento: “Conocí a Roger Vadim, que ya tenía dos matrimonios no muy exitosos a sus espaldas: el primero con Brigitte Bardot y el segundo con Annette Stroyberg. Fue amor a primera vista. Vadim me enseñó a convertirme en mujer, a desarrollar mi propia personalidad y a vivir feliz”, declaró a Ciné Télé Revue.
Nuevamente, la edad de ella representó, brevemente, un obstáculo: “A Catherine le permitían salir hasta la medianoche dos veces por semana. [...] Varias veces, el doctor Dorléac [su padre] la encerraba en el cuarto por miedo a que se escapara del departamento en el medio de la noche para encontrarse conmigo. Mi reputación de Don Juan y de director de películas escandalosas lo asustaban”.

Pese a esto, se mudaron juntos y Deneuve cambió su imagen tiñéndose de rubio. “Algunos periodistas escribieron que se parecía a Brigitte Bardot; otros decían que yo la había obligado a transformar su imagen en la de mi primera esposa. Lo cierto es que cuando la vi rubia sentí como un nudo en la garganta. ¿Qué había pasado con la pequeña Catherine de la que estaba enamorado?”.
A los 18 años, Catherine quedó embarazada. Planearon casarse en Tahití para complacer a la madre de la actriz, Renée Dorléac, quien temía el estigma de un nieto ilegítimo. “Catherine le explicaba que los tiempos habían cambiado, pero eso no la tranquilizaba. La ansiedad de su madre preocupaba a Catherine. Y pese a su postura de defensora del amor libre, detestaba los comentarios de la gente: ‘Vadim se casó con Brigitte y con Annette. ¿Por qué con vos no?’”, detalló él.

Pero los planes se frustraron cuando Annette Stroyberg amenazó a Vadim con prohibirle ver a su hija Nathalie si volvía a casarse. No eran celos: ella creía que Deneuve solo lo usaba para sacar réditos con su carrera, y que el propio Roger solo salió con ella para recuperarse de la ruptura previa. Catherine aceptó posponer la boda, pero el vínculo se afectó: “Catherine no me reprochó nada, pero creo que nunca me perdonó por este matrimonio fallido”, confesó el cineasta.
Su hijo Christian nació en el verano de 1963. Seis meses después se separaron. Vadim aludía a la melancolía y a los celos de la actriz: “¿Sentía que no la amaba lo suficiente? Era posible. Generalmente me criticaba como alguien a quien no se lo podía atrapar. Las mujeres, a pesar de que a veces sostienen lo contrario, necesitan constantemente que las tranquilices”. Deneuve, por su parte, inició un romance con el músico Johnny Hallyday, su coprotagonista en el film Les parisiennes. Años más tarde, la actriz sentenció: “La separación del padre de mi hijo fue algo muy difícil y, en realidad, fui yo quien se marchó. Él me abandonó; mejor dicho, me traicionó. Para mí, cuando algo se rompe, se rompe”.
Además, en medio de esa tensa rutina, apareció Jane Fonda.

“La solución se encontraba en la libertad sexual”
Vadim y Fonda se conocieron en Beverly Hills antes de que ella se trasladara a Francia para protagonizar la remake de La Ronde. El director recordó su aspecto informal: “No llevaba maquillaje, por cómo tenía el cabello parecía que había corrido una maratón por la playa, vestía jeans y una blusa un poco masculina. Su agente le dijo que tratara de ser sexy. Pero había hecho lo contrario. Mi reputación como un descubridor de estrellas y especialista en erotismo la irritaba y la asustaba. Sin embargo, si esperaba alterarme vistiéndose así, no tuvo éxito. Al contrario, fue justamente su apariencia natural lo que me atrajo”.
El romance se consolidó en los estudios de grabación y la noticia llegó rápidamente a Deneuve, con quien todavía mantenía un frágil matrimonio, a través de su hermana, Françoise Dorléac, que estaba en el elenco. En su autobiografía Jane Fonda: my life so far (Mi vida hasta ahora), la actriz estadounidense analizó la atracción original: “No hay duda de que parte de mi atracción hacia él y su vida se debía a que era muy diferente del estilo reprimido en el que me habían criado... ¡Pero qué reputación tenía!”.

También en ya en Francia se encontraron, brevemente, en una fiesta de disfraces, donde ella iba vestida como Charles Chaplin y él, como soldado del ejército rojo. La besó. Y después se separaron. Pero un día, en el estudio donde filmaban la película, ella se enteró de que la había ido a ver, y que estaba tomando algo en la cafetería con un amigo. Salió corriendo para encontrarlo. Llegó empapada por la lluvia y agitada. “En ese momento supe que estaba enamorado”, relató él, una vez más.
La consumación sexual se postergó durante semanas por una disfunción de él, pero la paciencia de Fonda fortaleció la pareja. Años más tarde, declararía que el director la había “despertado sexualmente”. Se casaron el 14 de agosto de 1965, bajo la advertencia de Vadim de que no creía en la monogamia.
“Después de tres años de vivir con Jane me había convencido de que la solución se encontraba en la libertad sexual basada en la honestidad recíproca. Traje a casa a algunas de mis conquistas, a veces incluso a nuestra cama. Deseaba que Jane fuera mi cómplice”, explicó él.

Un matrimonio abierto
Fonda aceptó la propuesta de un matrimonio abierto y consintió hacer tríos con amigos y con trabajadoras sexuales del burdel de Madame Claude. “Yo... me lancé al trío con la habilidad y el entusiasmo de la actriz que soy”, escribió. Paralelamente, lidiaba con la inestabilidad de Vadim, sus adicciones y salidas nocturnas, que parecía disfrutar más que el tiempo con ella: “Lo esperaba con la cena preparada y él no aparecía. Muchas veces ni siquiera llamaba. Entonces, yo me comía toda la comida que había cocinado para los dos, salía a comprar pasteles y helado francés [...], me daba un buen atracón, lo vomitaba y me metía en la cama agotada y furiosa. [...] No quería parecer burguesa. No creía merecerme nada mejor”.

A esto se sumaban problemas económicos debido a la adicción por el juego de Roger. Fonda terminó por financiar varios proyectos del director con la herencia de su madre, que se había suicidado cuando ella tenía 11 años. “Vadim no podía comprender por qué dudaba en darle la plata [...]. Solo años después me di cuenta de que era un jugador compulsivo, y que los lugares para sus películas o vacaciones a menudo se elegían por su proximidad a un hipódromo o un casino. [...] Gran parte de la herencia de mi madre simplemente se perdió en el juego”, escribió ella.
En septiembre de 1968, tras un embarazo de riesgo, nació su hija Vanessa. Fonda atravesó una severa depresión posparto que la distanció más de la frivolidad y el alcoholismo de su esposo. Y mientras ella se volcaba hacia el Mayo francés, la oposición a la Guerra de Vietnam y el activismo político, Vadim permanecía ajeno. El quiebre fue definitivo. Él lo sintetizó en sus memorias: “Al final, Jane no me dejaba por otro hombre, sino por ella misma. Prefería verla despegar en el carro de la política a que me dejara por otro hombre. Descubrí que esto era más elevado y mucho más fácil para mi ego”.

Para 1972, siete años después de formalizar la unión, Fonda se enamoró del activista social y exsenador de la Legislatura de California Tom Hayden, a quien había conocido cuando participó del movimiento contra la guerra de Vietnam. Ese vínculo reflejaba mucho mejor la dirección que tomaba su vida: el compromiso político había reemplazado al universo que compartía con Vadim. El divorcio se formalizó en 1973.
Roger siguió con su vida. Volvió a enamorarse. Entre sus conquistas está Sylvia Kristel, la actriz neerlandesa que protagonizó la película erótica Emanuelle. Se casó dos veces más, siempre con actrices: con Catherine Schneider (madre de su hijo Vania, que luego se convertiría en actor) y con Marie Christine Barrault (nominada al Oscar en 1977), quien lo acompañó hasta su muerte, el 11 de febrero de 2000.



