
En general, los padres hacen hinchas de sus equipos a sus hijos, pero tu caso es al revés. ¿Cómo fue?
A mi padre no le gusta el fútbol porque no le gusta perder, entonces hizo muy bien en no haber elegido a Ferro. Pero en el 81 yo iba a la colonia de Pontevedra y todos eran de Ferro. Ahí empecé a pedirle a mi viejo que me llevara a la cancha y lo vi salir campeón dos veces. Con el tiempo obligué a mi descendencia, a mi ascendencia y a mi hermana a que eligieran al Verde. Los hinchas de Ferro somos pocos, pero sentimos mucho, así que aumenté el promedio de hinchas.
¿Una vez fuiste a ver a Ferro en avión privado?
De joven, con el 1 a 1 menemista, fuimos en dos aviones chárter, con 24 pasajeros cada uno, a ver un partido de Ferro en Córdoba, contra Belgrano. Ganamos 3 a 1 y volvimos tomando champaña. Eran otras épocas. Éramos más jóvenes, teníamos un buen pasar y nos dábamos algunos gustos; hoy no se puede ir ni a Santa Teresita.
¿Eras de pelearte mucho?
Hay que contextualizar; las barras no eran bravas. De adolescente, la idea era quedar antes del partido con la hinchada visitante y encontrarse en un punto, por ejemplo en la plaza del Cid Campeador. Había lío y se robaban camisetas, pero se trataba de defender los colores. Yo odio las barras y soy antiviolencia; el folclore implicaba agarrarse a las trompadas pospartido, pero nunca como ahora, que hay tantos intereses económicos.
¿Es difícil mantener la pasión en las categorías menores?
Ferro es mi corazón y mi sangre. Ahora voy solo dos o tres veces por año a la cancha, pero la paso bien, voy con mis hijas y me divierto. Ya no me amarga más perder: me enojo y puteo, sí, pero no hay derrotas tan importantes en la B. Yo con tal de que se mantenga en esta categoría estoy contento. Ser hincha es saber aceptar las derrotas y celebrar las victorias con todo; me vuelvo loco cuando ganamos. Emocionalmente ya no me cambia el día, porque ser de Ferro viene con un manual de tolerancia a la frustración.
¿Qué es Ferro hoy?
Como modelo de club y por sus actividades y todo el amor de sus socios –yo soy socio también–, es uno de los pocos clubes representativos de la clase media. Se organizan parrilladas, participaciones en eventos o murgas: hay mucha pertenencia, no solo es amor por el fútbol. Yo jugué al handball, al básquet y al béisbol. Para esta gestión, la prioridad es el club y eso es hermoso. Me da mucha lástima que los medios no cubran tanto los equipos de la B; están muy preocupados por Barcelona y no les dan bola a los equipos barriales históricos. Hay que volver a la base y no celebrar pavadas de afuera. El ascenso es más genuino.
COMPLETÁ LA FRASE
1 - El clásico de Ferro es: el equipo con los colores más feos del mundo según una encuesta: Platense
2 - Si no fuera del Verde elegiría: River porque nací en Belgrano, pero sería muy fácil. Hay que tener huevos, agachar la cabeza y aguantar el barrio de equipos que se la juegan.
3 - Mi sueño posible sería: verlo ascender junto a mis hijas e ir a las canchas de River, Boca o San Lorenzo
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