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OPINIÓN

Dolarización: un experimento mental

Imaginemos cómo sería la implementación de esta medida: no solo permitiría blindar el salario y los ahorros de los argentinos de una vez, sino también evitar las zozobras de la campaña electoral del año pasado y asegurar la continuidad del programa liberalizador

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Marcos Falcone
Por Marcos FalconePARA LA NACION
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Supongamos que mañana el presidente Javier Milei anuncia una dolarización oficial. ¿Qué tiene que pasar para que pueda anunciarse? ¿Qué ocurre en el momento del anuncio? ¿Qué pasa después? Hagamos un experimento mental.

Mediante un DNU, el presidente declara al dólar de curso legal y fija una paridad de conversión: puede ser $1550, es decir el tipo de cambio CCL, si la prioridad es acercarse a un precio de mercado; o puede ser $1800, donde se ubica el techo de la banda cambiaria a fin de mes, si la prioridad es maximizar la competitividad de los sectores hoy rezagados a nivel internacional. Al mismo tiempo, el presidente del BCRA anuncia que no emitirá más pesos y que se levantan los controles de capitales que todavía existen. La unidad de cuenta pasa a ser el dólar.

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Una vez anunciada la dolarización, ¿se agolpará la gente para deshacerse de sus pesos? Es improbable. Incluso si a las reservas brutas (casi USD 47 mil millones al 25/6) se les restan el swap chino (USD 19 mil millones) y los encajes bancarios (USD 15 mil millones), el BCRA pueden cubrir hoy casi el 100% del circulante en poder del público, unos 23 billones de pesos o entre USD 13 y 15 mil millones según el tipo de cambio que se tome. Pero no es necesario tener el 100% ni bastante menos en efectivo en el día uno: en otros países que han dolarizado, la conversión del circulante ha sido gradual y puede tardar hasta dos años. Fijar el tipo de cambio reasegura al público de que puede gastar o convertir sus pesos por el período que dure la transición; ese período puede incluso carecer de una fecha de caducidad y culminar solo cuando se intercambie el último peso en circulación.

La city porteña, un día después de las últimas elecciones legislativas en la provincia de Buenos Aires
La city porteña, un día después de las últimas elecciones legislativas en la provincia de Buenos AiresCamila Godoy

¿Puede haber una corrida bancaria? Esto es también improbable. Hoy, los argentinos ya disponen de casi USD 40 mil millones en depósitos que no tienen 100% de respaldo y a pesar de la desconfianza de los argentinos hacia los bancos; pero el efecto de dolarizar es generar confianza inmediata en un esquema monetario irreversible y, por inercia, también en el sistema bancario. De hecho, la experiencia de Ecuador indica que un anuncio de dolarización hace subir, no bajar, los depósitos, aún en un contexto de crisis. El riesgo de pesificación de los dólares desaparece. No hay motivo para pensar que habrá una corrida.

¿Qué ocurre con la deuda del BCRA? Sus pasivos ya han pasado mayormente al Tesoro; esto se puede replicar con los restantes, que no tienen por qué ser cancelados el día uno y además también están en su mayor parte denominados en dólares. Si la dolarización se anuncia con la aprobación de EE.UU. o el FMI (cuya directora ya ha dicho que no la objeta), no habrá duda acerca de la sostenibilidad del proceso. Pero incluso si el gobierno quiere contraer deuda para asegurar un “colchón” de dólares, esta será una deuda por única vez para eliminar un problema permanente. Argentina dejará de endeudarse para sostener un tipo de cambio artificial, como ha sido usual en las últimas décadas: se endeudará una sola vez para no tener que lidiar nunca más con ese problema.

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¿Qué sucede con la “economía real”? El anuncio en sí mismo habilita un horizonte de estabilidad que hoy no existe. Con la certeza del dólar y el levantamiento de los controles de capitales que restan, se elimina la incertidumbre por el tipo de cambio, un poderoso motivo por el cual se frenan inversiones. Además, al desaparecer el riesgo de devaluación y aumentar los depósitos en los bancos bajarán las tasas de interés, lo cual también estimula el crédito. La economía pasa a crecer no solamente por los sectores donde Argentina tiene claramente una ventaja comparativa como hoy, sino también por otros estancados, en parte, debido a los vaivenes del tipo de cambio.

¿Qué cambia en la vida cotidiana? Por un lado, los asalariados dejan de hacer cuentas para saber cuánto realmente ganan y dejan de tener miedo sobre si el mes que viene serán más pobres aunque tengan el mismo trabajo. Pero en otros aspectos las cosas no cambian mucho: hoy nadie ahorra, compra una casa ni pacta un precio en el largo plazo en pesos. De hecho, la mayor parte de las transacciones hoy ni siquiera se hace en efectivo, sino a través de plataformas digitales. Solo se agrega el hecho de que nadie estará obligado a recibir dinero en el que no confían: la eliminación del peso simplemente reconoce lo que los argentinos ya hacen hace décadas.

¿Puede intervenir la justicia para detener la reforma? Difícilmente, porque el DNU inicial no elimina el curso legal del peso ni cierra el BCRA, acciones que sí pueden ser inmediatamente judicializables. El gobierno podría luego buscar mediante el Congreso el cierre del BCRA o su transformación en una superintendencia de bancos, pero no es necesario que lo haga el día uno.

¿Qué pasa, finalmente, si el peronismo vuelve al poder? En el largo plazo, la dolarización es el mejor legado que el presidente puede ofrecer incluso si el crecimiento económico se ralentiza. Si bien no es posible evitar el gasto público desenfrenado asociado a gobiernos peronistas, sí se puede proteger a la población de sus consecuencias más violentas al eliminar el impuesto inflacionario; y matar la inflación, para tener esperanza en que Argentina sea alguna vez un país “normal”, es estrictamente necesario.

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Afortunadamente, el camino de la inflación desde 2023 ha sido descendente. Bajar de un 289% interanual en abril de 2024 al 33% de hoy no fue magia: sin el orden fiscal impuesto por el gobierno de Milei desde el día uno, no veríamos estos números. Pero el camino es largo y nadie sabe cuánto tiempo queda para implementar reformas. La dolarización no solo puede blindar el salario y los ahorros de los argentinos de una vez, sino también evitar las zozobras de la campaña electoral del año pasado y asegurar la continuidad del programa liberalizador del presidente. El tiempo corre y el peronismo acecha.

Marcos Falcone
Por Marcos FalconePARA LA NACION

Analista para América Latina del instituto Cato

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