Entre la vuelta de los clásicos, una nueva búsqueda de tragos más precisos, el Martini recupera protagonismo; qué errores evitar y cuáles son sus variantes más atractivas
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Pocos cócteles tienen una imagen tan reconocible como el Martini. La copa fría, la aceituna o el twist cítrico, la elegancia seca y esa idea de ritual lo convirtieron en un símbolo de la coctelería clásica. También ayudó el cine: James Bond lo instaló en el imaginario popular con su famosa preferencia por pedirlo batido, no refrescado, aunque esa elección sigue siendo discutida cuando se habla del Dry Martini tradicional. Con el tiempo, su popularidad aumentó y cada 19 de junio se instaló en el calendario coctelero internacional como el Día del Martini.

En las barras, ese cruce entre mito, técnica y precisión vuelve a ganar espacio. El Martini reaparece entre consumidores jóvenes que buscan tragos menos dulces, más secos y con mayor identidad. La tendencia no se limita al Dry Martini: también empuja al Espresso Martini, una versión moderna, con vodka, café espresso y licor de café, que encontró su propio momento gracias al auge de las barras de autor y del café de especialidad.
Por qué el Martini volvió a estar de moda
El Dry Martini es la versión seca y clásica del Martini moderno. La Asociación Internacional de Bartenders lo define a partir de gin y vermut seco, preparado en vaso de mezcla, servido en una copa fría y terminado con piel de limón o aceituna.
Seba García, a cargo de la barra de Tradition & Rebellion, sotiene que el contexto de consumo cambió y lo resume desde una palabra: identidad. “El Martini no es un trago más; es una decisión. Es simple, directo, fotogénico, elegante, pero también tiene carácter”, señala. Para él, las nuevas generaciones buscan “menos volumen y más intención. No necesariamente tomar más, sino tomar mejor”.
“El Martini es el rey de los cócteles y forma parte de la trilogía de los más vendidos y famosos del mundo. Nunca desapareció del todo, pero sí hubo momentos en que la tendencia se inclinó hacia los tragos más frutales, que no son exactamente su fuerte”, dice Pablo Pignatta, socio bar manager de Mixtape. Según su mirada, después de la fiebre del Negroni, el público se acostumbró a sabores más amargos, secos y con carácter.
Santiago Lambardi, bartender, mixólogo y socio de Hierro Casa de Fuegos, suma una lectura cultural. Para él, el regreso del Martini se vincula con “un poquito con el revisionismo de las redes y demás de los años 90 y 2000”.

“Creo que el Dry Martini jamás salió del mapa; es un clásico que vence al tiempo”, dice Ezequiel Cunzolo, socio y bar manager de Porte Bar, lo ubica dentro de una continuidad.
Mati Benitez, bartender de Malasangre, lo vincula con un cambio en la forma de tomar coctelería: “Durante años la tendencia estuvo en cócteles muy dulces, muy cargados o visualmente exagerados. Hoy muchos consumidores jóvenes buscan experiencias más limpias, más sofisticadas y con identidad”.
Qué busca quien pide un Dry Martini
Cunzolo marca una precisión inicial: “Martini Dry es una marca de vermú; Dry Martini es el cóctel a base de gin, vermú seco y aceitunas”. La aclaración no es menor: alrededor del nombre también aparecen confusiones. Para él, el término dry refiere a un perfil seco, pero cada bebedor tiene su propio punto de comodidad con la cantidad de vermut.
Arroyo lo lleva al terreno de la personalización: “Que salga exactamente como le gusta a uno. Soy bastante hincha en realizar varias preguntas a la hora de prepararlos”. Para ella, un clásico bien ejecutado puede generar regreso: “Un cliente con un cóctel clásico vuelve porque le gustó cómo se lo preparaste”.

García coincide en que quien pide un Martini busca experiencia: “Busca precisión, busca temperatura, busca una copa que llegue impecable”. Pignatta distingue entre el bebedor que ya conoce el cóctel y quien lo elige por la imagen que proyecta.
Lambardi, en cambio, pone el foco en el ritual: la copa refrescada, el vaso de composición y la sensación de que el trago se prepara especialmente para cada persona.
Batido o refrescado: el mito James Bond

La frase de James Bond instaló una confusión que todavía aparece en las barras: “Agitado, no revuelto”. Sin embargo, para el Dry Martini clásico, la mayoría de los bartenders consultados coincide en que la técnica correcta es refrescado.
Cunzolo no deja margen: “Refrescado, siempre. El Dry Martini no debe contener aire”. Para asegurar temperatura, incluso recomienda trabajar con el gin bien frío. Y recuerda dos mitos extremos sobre el vermú: “El director de cine español Luis Buñuel decía que el Dry Martini debía servirse helado y que la presencia del vermú tenía que ser meramente “testimonial”. Winston Churchill, por su parte, decía que para él bastaba con mirar hacia Francia (de donde es originario el vermú) mientras se lo bebía. La realidad es que, más allá de los mitos, cada uno lo bebe con la cantidad de vermú con la que se sienta cómodo".
Arroyo también se inclina por el refrescado, aunque deja espacio al gusto personal: “Es subjetivo, para mí es refrescado y acá la elección del hielo para refrescar es clave; obvio que todos los sabores deberían sentirse y tiene que estar bien frío”. La temperatura aparece como una condición básica: un Martini tibio pierde elegancia rápido.

Pignatta atribuye al agente 007 “el error más mítico”: al batirlo, dice, el cóctel se aguachenta, pierde características y se oxida de más. García ordena la discusión: para un Dry Martini clásico, se mezcla en vaso mezclador con hielo y se sirve colado en una copa muy fría. Benitez coincide con el eje técnico: “Tradicionalmente el Martini dry se refresca, no se bate”.
Cómo pedirlo por primera vez

“Mi consejo sería que en principio prueben como lo consumía nuestro querido amigo James Bond, que arranquen por un martini con vodka, que suele ser mucho más amable, refrescante y neutro, no tan fortachón el gin, que tiene un poquito más de graduación alcohólica”, sostiene Lambardi.
García baja la exigencia de la primera vez: “Que no lo encare como un examen. El Martini puede parecer intimidante, pero en realidad es un cóctel muy honesto”. Y agrega una clave simple: decir qué se busca —más seco, más húmedo, con oliva, con twist, con gin o con vodka— ayuda a que la barra trabaje mejor.
No hay una única puerta de entrada. Cunzolo recomienda empezar con un London Dry de perfil cítrico, una buena dosis de vermut y algo para comer. Después, propone bajar la cantidad de vermut y variar el gin hasta encontrar el Dry Martini propio.
Arroyo prefiere una entrada más sutil: “A mí personalmente me gusta más el Martini 50/50, mitad gin, mitad vermut, ya que la percepción es más sutil”. Pignatta también recomienda el Fifty-Fifty para una primera experiencia, porque resulta menos seco, más herbal y con menor presencia alcohólica.
Qué comer con un Dry Martini

El Dry Martini funciona muy bien como aperitivo y acompaña sabores salinos, grasos y limpios. Cunzolo es directo: “Los mariscos en general son un gran acompañante para este cóctel. Las ostras, los langostinos o los frutos de mar complementan su perfil seco y salino de forma excelente”.
García recomienda ostras, aceitunas, almendras, papas fritas bien hechas, conservas, anchoas, quesos duros, crudos de pescado, tartares o snacks con buen aceite de oliva. Pignatta amplía el rango hacia carnes, pickles y preparaciones saladas. Lambardi suma aceitunas rellenas con anchoa, salmón ahumado y gravlax.

Arroyo coincide en el clásico: “El clásico es acompañar con ostras”. Esa asociación se repite porque el Martini limpia el paladar, acompaña la salinidad y sostiene bien productos delicados.
Espresso Martini: el otro fenómeno

Aunque comparte nombre y copa, el Espresso Martini no tiene un parentesco directo con el Dry Martini. La Asociación Internacional de Bartenders lo ubica entre los cócteles de la categoría New Era y lo prepara con vodka, licor de café, syrup y espresso.
Arroyo va a la base: “Los ingredientes básicos, son vodka + café espresso + licor de café. La elección de las bebidas o el café espresso que se realice en una cafetería de especialidad hacen la diferencia, al fin y al cabo, es lo que le da la personalidad al cóctel”. Para ella, el buen café y una batida correcta son decisivos para lograr espuma.
Pignatta lo presenta como un neoclásico nacido en los años ochenta. Su popularidad, dice, se entiende por el lugar cultural del café, el efecto de la cafeína y el auge del café de especialidad. “El Espresso Martini parece, directamente, que estás tomando un espresso”, resume.
García lo define como un cóctel con vodka, café, licor de café y un toque de dulzor. Lambardi asocia su revival con el crecimiento de la cultura cafetera en la Argentina y remarca la importancia de usar espresso recién preparado, licor de café y una pequeña proporción de almíbar o syrup según el dulzor buscado.
Cómo lograr un buen Espresso Martini
El Espresso Martini sí se bate. La espuma no es solo estética: define textura, aroma y percepción. Arroyo lo sintetiza: “Un buen café y una batida correcta”. Esa fórmula corta concentra dos puntos centrales: materia prima y técnica.
García agrega que no es simplemente un trago con café: “Tiene que tener espuma, temperatura, intensidad y balance entre alcohol, amargor y dulzor”. Para Pignatta, el café debe ser espresso, fresco y bien preparado cuando hay máquina; si no, algunos bares usan cold brew como solución práctica.
Lambardi suma una advertencia: si el espresso está recién hecho y muy caliente, conviene darle tiempo en la coctelera con hielo para enfriarlo antes de batir. De lo contrario, el calor puede generar una mala reacción dentro de la coctelera.
Con qué combinar un Espresso Martini
El Espresso Martini suele funcionar en la sobremesa. Puede reemplazar al café, acompañar un postre o incluso ocupar el lugar de un digestivo.
Arroyo propone una combinación directa: tiramisú y postres con chocolate. Pignatta suma crème brûlée, tortas, chocolate y mousse. García amplía el mapa hacia vainilla, caramelo, frutos secos, helado, pan brioche, dulce de leche o incluso quesos azules si se busca contraste.
En todos los casos, el punto común es claro: el Espresso Martini funciona mejor al final de la comida, cuando el café, el postre y la continuidad de la noche se encuentran en la misma copa.
Coordendas de las barras consultadas
- Mixtape: Franklin D. Roosevelt 1806, Belgrano; @mixtape.bar
- Tradition & Rebellion: Olga Cossettini 731, Puerto Madero; @traditionandrebellion
- Porte Bar: Azcuénaga 1268, Recoleta; @Porte.bar
- Cima, rooftop bar de Orno: Guatemala 4701, Palermo; @laCimadeOrno y @Orno.pizzeria.cantina
- Hierro Casa de Fuegos: Costa Rica 5602, Palermo; @hierro.palerm y @hierronordelta
- Malasangre, Av. Cramer 2704, Belgrano; @malasangre.bar
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