Vibraron con una ceremonia emotiva y llena de detalles, donde los nietos de los Reyes fueron los grandes protagonistas
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Son días de fiesta para los Bernadotte. Tras el reencuentro con la princesa Magdalena, su marido Chris O´Neill y sus tres hijos, que debido a la pandemia hacía un año que no veían (viven en Estados Unidos), el sábado se reunieron todos en la iglesia del Palacio de Drottningholm, en las afueras de Estocolmo, para celebrar el bautismo del príncipe Julián Herbert Folke, tal es el nombre completo del menor de los tres hijos de Carlos Felipe y Sofia de Suecia (nació el 26 de marzo), octavo nieto de los reyes Carlos Gustavo y Silvia.


Ochenta invitados participaron de la misa oficiada por el obispo Johan Dalman, el pastor de Kungl y el párroco de la Royal Court Parish, Michael Bjerkhagenen, que estuvo llena de detalles: el altar se decoró con flores y con la corona del príncipe Federico Adolfo de Suecia, una pieza de más de 250 años (es tradición exhibir alguna de las coronas históricas en los bautismos, bodas y funerales de los príncipes suecos); la música estuvo a cargo de una violinista de 10 años; y con los temas escogidos se homenajeó a Avicii, el famoso DJ sueco que murió en 2018.

Por supuesto, los más jóvenes de la familia real se llevaron todas las miradas. Los hermanos del príncipe Julián, Alexander y Gabriel, colaboraron en la ceremonia aunque también corretearon cuando pudieron; sus primas Adrianne y Leonor (hijas de Magdalena), con looks idénticos, y Estelle (primogénita de la princesa Victoria), con un vestido que perteneció a su mamá, se veían como auténticas princesitas; mientras que el simpatiquísimo Oscar, inamovible de la falda de la princesa heredera y Nicolás (el único varón de Magdalena), se portaron como pequeños caballeros. También participaron de manera activa de la ceremonia los padrinos, que fueron develados un día antes a través de un comunicado emitido por la Casa Real: Johan Andersson, Stina Andersson, Jacob Högfeldt, Patrick Sommerlath y Frida Vesterberg, todos amigos de los padres de Julián.


Sobre el final de la ceremonia, el Rey impuso a su nieto, que no es alteza real pero sí ocupa el séptimo lugar en la línea de sucesión al trono, una cinta color celeste con una pequeña estrella que es la Real Orden de los Serafines, una distinción que sólo los miembros de la realeza sueca y jefes de Estado extranjeros pueden recibir y que el príncipe Julián, al igual que sus hermanos y sus primos, que también la tienen, no podrá usar hasta su mayoría de edad. El monarca continuó con esta tradición a pesar de que el bebé es el primer nieto nacido tras su decisión a finales de 2019 de que los hijos de Carlos Felipe y Magdalena de Suecia no pertenezcan a la Casa Real ni realicen tareas oficiales representando al jefe del Estado. Aunque los Reyes tenían previsto ofrecer una recepción en honor a su nieto, cancelaron a último momento para evitar correr riesgos por el coronavirus. En su lugar, disfrutaron de un almuerzo privado.

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