Tras sus vacaciones en Mustique viajaron a Gales y protagonizaron una visita muy significativa
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El 2024 fue para ambos un año “brutal”, según definió en su momento el propio William, y ahora, con todo lo que atravesaron juntos y la alegría de que el cáncer de Kate está en remisión, queda a la vista una nueva versión de la pareja, más relajada, sin miedo a abrazarse o tomarse de las manos en público, gestos antes impensados por ser considerados fuera de protocolo.


Un primer indicio lo dieron cinco meses atrás, cuando a propósito del fin de la quimioterapia de Kate hicieron público un video en el que se los veía jugando con sus hijos en un bosque, y luego juntos abrazados, él besándole el cuello o ella inclinando su cabeza sobre el hombro de él, que le acariciaba las manos. “Este momento nos recordó a William y a mí, sobre todo, que debemos reflexionar y estar agradecidos por las cosas sencillas pero más importantes de la vida, que muchos de nosotros a menudo damos por sentado. El simple hecho de amar y ser amados”, decía, entre otras cosas, Kate en el audio.


Esta nueva espontaneidad llegó para quedarse, tal como quedó en evidencia la semana pasada. Después de pasar las vacaciones familiares en Mustique (uno de sus lugares en el mundo) y hacer oídos sordos a las críticas por saltearse la ida a los Premios BAFTA (una decisión alineada con la intención del heredero de priorizar a su familia, en especial mientras sus hijos George, Charlotte, y Louis son chicos y él no ocupa la jefatura del Estado), el príncipe y la princesa eligieron Gales, la nación a la que le deben su título, para hacer el primer viaje oficial de Kate desde que se retiró de sus deberes reales en marzo del año pasado. Sonrientes y portando en sus solapas narcisos, el símbolo nacional, llegaron en tren a Cardiff y generaron gran revuelo a su alrededor, con la gente expectante por verlos y saludarlos. Kate, además, demostró su apoyo a la tierra en la que vivieron entre 2011 y 2013, cuando William estaba destinado en Anglesey para entrenarse para la Real Fuerza Aérea, a través de su outfit: llevó un espectacular abrigo rojo, el color del dragón que aparece en la bandera galesa.

De ahí partieron a Pontypridd y recorrieron un mercado tradicional con negocios de todo tipo. Finalmente pararon en The Welsh Cake Shop, donde se fabrican las tradicionales tortas galesas que forman parte de la cultura y la economía de esta zona que se vio afectada por los destrozos que causaron las tormentas Bert y Darragh. Mientras conversaban con el dueño, los Gales se mostraron cómplices y relajados. Kate, incluso, en más de una ocasión posó cariñosamente su mano sobre la espalda de su marido, que la miraba encantado. Después, entre risas, metieron manos en la masa para preparar sus propias tortas.

La siguiente parada fue en Fountain Café: hablaron con la gente sobre la vida cotidiana y las costumbres galesas que tanto conocen. Y, tras una serie de encuentros y actividades, cerraron la visita en un jardín comunitario. La vuelta al tren fue tomados de la mano, y esa imagen romántica la compartió Kensington Palace, a través de un video.

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