En los últimos días, dijo presente en el tradicional desfile militar, en la histórica ceremonia de la Orden de la Jarretera y en la reapertura de la National Portrait Gallery y se llevó todas las miradas
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Los últimos fueron días de fiesta y tradiciones para la familia real inglesa. El sábado, como cada año, se llevó a cabo el desfile militar Trooping the Colour con el que, desde tiempos de Jorge II, el pueblo sale a la calle a celebrar el cumpleaños de su monarca, más allá de su fecha de nacimiento. Fue el primero presidido por Carlos III que, como coronel jefe de los siete regimientos de la Household, saludó a las tropas desde su caballo, algo que había hecho por última vez su madre y anterior monarca, Isabel II, en 1986. Y, tras un domingo de carreras en Ascot –otro highlight en la agenda british–, el lunes se llevó a cabo la histórica ceremonia de investidura de la Orden de la Jarretera, la Nobilísima Orden de caballería más célebre de la nación y la más antigua, con 675 años de existencia.







Tal como sucedió en todas las anteriores “primeras veces” de Sus Majestades en su condición de reyes, Carlos III y Camilla estuvieron rodeados por los miembros de la familia real que trabajan de manera activa para la corona: los príncipes de Gales (y sus tres hijos, los príncipes George, Charlotte y Louis); la princesa Ana y su marido, sir Timothy Laurence; los duques de Edimburgo y los duques de Gloucester.






Una vez más, fue la princesa de Gales quien acaparó los flashes. La mujer del príncipe William, heredero del trono, avanza firme en su camino a convertirse en la próxima reina con mucho trabajo, altas dosis de cercanía y respeto absoluto por las tradiciones. En tiempos en que diferentes crisis sacudieron a los Windsor, tanto ella como su marido supieron potenciarse y dejar claro cuánto aprendieron al lado de Isabel II, que mimaba a Kate con gestos extraordinarios, como acceder a que la llamara pasando por alto a sus asistentes, o prestándole algunos tesoros del joyero real para que impactara.



El martes pasado, en su carácter de mecenas, Kate también dijo presente en la National Portrait Gallery, que reabrió luego de tres años de reformas. Con un nuevo look que en minutos se volvió viral (así sucede con todo lo que se pone) se encontró con Paul McCartney y su mujer, Nancy Shevell, y felicitó al músico, que acaba de cumplir 81 años, por el lanzamiento de su propia muestra centrada en los Beatles entre 1963 y 1964. Los gestos cómplices hacen pensar que el compositor quedó encantado. Y es lógico: de seguir así, Kate podría convertirse en una nueva Reina de Corazones.

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