
Un mes sin Agostina. Los enigmas que aún envuelven el caso
La investigación parece encaminada a que Barrelier actuó como un “lobo solitario”, pero hay más personas en la mira; la teoría de los abogados y la línea del fiscal
CÓRDOBA.- Agostina Vega esperaba festejar sus 15 años con una reunión con familiares y amigos. No iba a ser un evento grande: solo lo que le permitieran los ahorros reunidos. Ya había elegido el vestido que usaría. Aguardaba la llegada del 8 de junio con entusiasmo. Seguramente barajó algunas de esas ideas el sábado 23 de mayo. Con su mamá, Melisa Heredia, y su hermano menor fueron a ver un campeonato de fútbol amateur. En uno de los equipos jugaba Claudio Barrelier, quien había sido novio de su mamá. Después fueron todos a un cumpleaños.
A la tarde regresó a su casa de barrio Ampliación América. Salió, a escondidas, a las 22.30 para ir a encontrarse con Barrelier en el barrio Cofico. En ese lugar, según la Justicia, él abusó de ella y después la mató. El cuerpo de la menor, desmembrado, fue encontrado una semana después en un descampado de Ampliación Ferreyra.
Buena parte de la sociedad argentina siguió con angustia la desaparición y búsqueda y, después, la noticia del femicidio de la adolescente a la que le gustaba el asado, que hacía extensiones de pestañas por hobby y que quería ser psicóloga.
Un mes después de la última vez que su familia la vio con vida, el 23 de mayo, siguen las dudas respecto de cuál fue el móvil del crimen. En el contexto que rodea el caso aparecen elementos sórdidos y los interrogantes se multiplican.
Incluso entre los abogados de las dos partes querellantes -el padre, Gabriel Vega, y los abuelos maternos, Miguel y Elizabeth Heredia- persisten posiciones diferentes y recelos mutuos.
Para Fernanda Alaniz, representante legal del padre, detrás del femicidio hay una red relacionada con las drogas y la prostitución. Para Carlos Nayi, abogado de los abuelos, Barrelier abusó de la niña y la mató para ocultar aquel delito (criminis causae) y lo hizo solo.
A pesar de esa diferencia significativa, ambos defienden la actuación del fiscal Raúl Garzón, que hasta ahora tiene tres detenidos por el caso: Barrelier, acusado de abuso sexual y homicidio triplemente agravado, por alevosía, criminis causae y por mediar violencia de género. Soledad Andreani −dueña del Ford Ka negro en el que él trasladó el cuerpo de Agostina a un descampado− y Osvaldo Fassetta −amigo que vivía temporalmente en la casa situada en Juan Del Campillo 878, la eventual escena del crimen−, ambos por encubrimiento agravado.
La semana pasada los tres fueron indagados por la fiscalía. Todos escucharon la lectura de las acusaciones, negaron los hechos y no contestaron preguntas. El secreto de sumario de la causa se levantó el viernes pasado; los defensores de Andreani y Fassetta aseguraron que una vez que se interioricen en el contenido del expediente y puedan revisar las pruebas de cargo, pedirán que sus clientes declaren y que sean liberados.
Noche, barras y política
Un punto en común entre los tres detenidos es el bar Wachitas, un local en Nueva Córdoba (una zona de la ciudad clave en el entretenimiento nocturno) que fue alternando dueños, habilitaciones y clausuras temporales hasta que el 15 de este mes la Municipalidad lo clausuró de manera definitiva.
Los medios habían mostrado imágenes de camas en el lugar y una mujer declaró, primero ante los periodistas y después ante el fiscal Garzón, que había trabajado allí entre 2020 y 2024, y que en el lugar se ofrecían servicios sexuales, se vendía droga y había menores.
Andreani, de 43 años, era “productora” en ese bar. Barrelier y Fassetta eran habitués.
La pregunta que sobrevuela es si los inspectores municipales no conocían lo que pasaba en el lugar o lo sabían, pero miraban para otro lado. ¿Wachitas Bar tenía protección política? A Garzón esos datos le servirán para determinar el contexto, pero no investigará la existencia de delitos en el local.
Giró esos aspectos a los fiscales provinciales de Narcotráfico, Milagros Rivas, y de Delitos contra la Integridad Sexual, Ingrid Vago (sustituida por Claudia Romero). Hasta el momento ningún fiscal federal actuó de oficio; podría hacerlo por las descripciones de la declarante. Por caso, por pedido de una de las partes, la investigación del triple crimen de Florencio Varela, de septiembre de 2025, pasó del fuero provincial al federal. Para que la causa por Agostina siguiera el mismo camino se debe encontrar el nexo causal entre el mundo de la droga y el femicidio.

El principal acusado
Barrelier, de 34 años, es hincha de Instituto -la casa donde vivía y donde habría cometido el femicidio de Agostina está a menos de 20 cuadras del estadio de La Gloria- y tiene relaciones con el grupo de barrabravas Los Capangas; en su vivienda solían hacerse juntadas previas a los partidos.

El principal acusado ingresó a la Municipalidad de Córdoba en 2021 como “becario”, recomendado por el ahora exconcejal peronista y abogado penalista Ricardo Moreno (el intendente Daniel Passerini le pidió la renuncia en medio del escándalo). Al poco tiempo, Barrelier pasó a la Escuela de Tránsito, donde era capacitador de quienes buscaban obtener la licencia.
Recién en 2024 le pidieron su certificación de antecedentes penales. Lo presentó y no tenía causas pendientes. En mayo de 2025 estuvo veinte días detenido porque una joven lo denunció por privación ilegítima de la libertad. Después de eso, según muestran los hechos, siguió trabajando en la Municipalidad. Fue dado de baja recién después de quedar preso por el femicidio de Agostina.
El fiscal Iván Rodríguez, que tuvo esa causa (ahora pasó a manos de Garzón), fue designado por la Unicameral de Córdoba como Procurador Penitenciario Adjunto, pero su asunción, prevista para este mes, se suspendió.
La oposición cordobesa pidió que Rodríguez y Garzón sean sometidos a un jury de enjuiciamiento con fines de destitución por mal desempeño.
Los supuestos encubridores
Andreani tiene 43 años y, según ella misma contó, fue novia de Barrelier. También dijo que estaban distanciados cuando él la llamó el domingo 24 de mayo para pedirle su auto. Aseguró que ya lo había hecho otras veces. Fue a buscarlo el lunes a la mañana.
Cámaras de seguridad captaron al Ford Ka negro entrando al descampado de Ampliación Ferreyra a las 11.45 del lunes 25 de mayo y saliendo media hora después, a las 12.15. Las grabaciones no permiten determinar si Barrelier iba solo o con alguien más en el auto. En ese lugar fueron encontradas partes del cuerpo de Agostina el sábado 30 de mayo.
Alrededor de las 13 de ese mismo lunes, según otro video incorporado al expediente, Barrelier y Andreani llegaron con el auto a una ferretería del barrio Yofre, cerca de la casa de la imputada. Compraron, según declaró la encargada del local, bolsas de cemento y un serrucho. Andreani declaró a la Justicia que tenía albañiles trabajando en su casa.
Esa tarde, en la puerta de la casa de la mujer, Barrelier se encontró con el padre de Agostina y le repitió lo que, hasta ese momento, le había dicho a la madre de la menor: que había acompañado a la adolescente a encontrarse con un joven.
El martes 26 de mayo, el hijo de Andreani llevó el auto a lavar. El empleado que se encargó del lavado afirmó que el vehículo tenía “tierra por fuera”, pero que se veía limpio por dentro.

Fassetta tiene 47 años, es padre de dos hijos, trabaja como albañil y hace extras en un kiosco. Al igual que Barrelier y Andreani, es hincha de Instituto. Según su abogado, conoce a Barrelier desde “hace diez meses” y vivía en una habitación que le había prestado el principal acusado; tenía la llave de la casa.
El sábado 23 fue a la cancha y al cumpleaños con el grupo y en la madrugada del domingo 24 -después de que la madre de Agostina le avisó que la adolescente no aparecía- la acompañó en la búsqueda y al momento de hacer la denuncia.
Según su defensor, Barrelier le mandó un audio el sábado a la noche pidiéndole: “No vuelvas porque tengo algo”. Fassetta regresó a la casa el domingo 24 cerca de las 12 del mediodía y sostuvo que no vio a nadie. Le llamó la atención que le hubieran cambiado el acolchado de su cama. Según los peritajes en esa habitación, pegada a la puerta de entrada, habría ocurrido el femicidio.
Las sospechas sobre él derivan de que la abuela materna de la adolescente sostuvo que era su voz la de un mensaje que recibió Melisa Heredia en el que le dijeron: “Tu hija está bien, dormida. Quedate tranquila”.
Dudas que persisten
El sábado 23 de mayo, cerca de las 22, Agostina le dijo a su mamá que tenía hambre, que iría al negocio de su abuelo -casa de por medio- a buscar unas empanadas. Salió seguida por su hermanito, quien al rato regresó solo. Es por el testimonio del remisero que la llevó hasta el barrio Cofico que se pudo reconstruir su recorrido.
La adolescente cruzó a una remisería, donde cinco vehículos esperaban por pasajeros. Subió a uno. Le pidió al chofer que la llevara a la esquina de Fragueiro y Juan del Campillo, en Cofico.
Durante el viaje, de unos cinco kilómetros, se mostró “alegre”. Le contó al chofer que iba a encontrarse “con el novio” de su mamá porque querían hacerle “una sorpresa”. Nunca usó el teléfono celular. Cuando llegó a destino, un hombre con capucha se acercó y pagó el viaje. “Ella se bajó y se fue tranquila, caminando con él”, describió el remisero.
El domingo 24 el hombre vio un cartel de búsqueda de Agostina, se dio cuenta de que era “la nieta de Miguel” y dio los detalles a la familia. Después, los repitió ante la Justicia.
Entre la noche del sábado y la madrugada del domingo, una amiga de Agostina contó que le había mandado un mensaje diciéndole que tenía que “escaparse” para hacerle un regalo a su mamá. En el estado de WhatsApp de la adolescente, por un rato, figuró la frase “alto escape”, según reveló su madre.
Desde las 22.30 del sábado 23 su teléfono quedó apagado, pero en los días siguientes figuró ocasionalmente como encendido. Hasta ahora, la Justicia no lo encontró.
Melisa Heredia nombró por primera vez a Barrelier en la ampliación de denuncia que realizó el domingo 24 alrededor de las 18, después de hablar con el remisero. Ella lo había contactado cerca de las dos de la mañana preguntándole para qué lo había llamado su hija, quien le había pedido su número de celular esa tarde. “Me pidió si la podía llevar a un amigo. Y le dije que no tengo movilidad”, le respondió.

Horas después, Heredia insistió con otros mensajes y Barrelier admitió entonces que había visto a Agostina y que la había acompañado dos cuadras hasta que la adolescente subió a un “auto rojo”. Nadie de la familia fue a la casa del barrio Cofico. En la ampliación de la denuncia, Heredia mencionó a Barrelier como un “amigo”.
La Justicia, a la luz de los hechos, tampoco chequeó los antecedentes en el sistema provincial; de haberlo hecho, hubiese comprobado que tenía una causa por la privación ilegítima de la libertad de una mujer que un año antes había salido de su casa corriendo, semidesnuda y gritando que querían violarla.
Barrelier declaró como testigo en la Justicia, pero recién fue detenido el martes por la noche. Desde el sábado a las 23 se movió libremente, de la misma manera que todos los que vivían en la casa de Cofico: su hija de 11 años y la madre de la niña; una pareja de inquilinos que habitaban arriba, y Fassetta.
La casa fue allanada por primera vez el miércoles 27; después hubo varios procedimientos más que incluyeron el levantamiento de los pisos de los baños y la búsqueda de restos biológicos.
Una vez detenido, negó que fuera Agostina la adolescente con la que se lo veía en la puerta de su casa en un video; insistía en que se trataba de su hija.
En ese punto empezó a circular un mensaje de audio que Heredia le mandó a Fassetta en el que le comentó: “Hasta los propios amigos de él están sorprendidos. Él sabe dónde está mi hija y lo van a hacer hablar por las buenas o por las malas”.
También ante los periodistas le habló directamente: “Claudio, por favor, tené piedad con mi hija. Nosotras no te hicimos nada, Claudio. ¿A quién se la diste? Claudio, deciles que me la devuelvan, que no le hagan daño”.
Por lo que dijo, sospechaba de otros involucrados. ¿De quiénes? ¿Por qué hablaba en plural? Pero el abogado de la familia, Nayi, insiste en que solo “hay una víctima y un victimario”. En cambio, Alaniz, la abogada del padre, subraya que hay “un grupo criminal organizado”. Por ahora, para el fiscal Garzón hay solo un autor material y dos encubridores.
Gabriel Vega se enteró de la desaparición el domingo 24 por el padrino de su hija y viajó desde Merlo hacia Córdoba. Expolicía y trabajador en una empresa de bebidas hizo su propia investigación y búsqueda. “Hay gente que está implicada en esto, hay gente que es cómplice”, repitió varias veces.
Hasta el momento, la investigación parece encaminada a que Barrelier fue un “lobo solitario” que engañó a Agostina para que fuera a su casa, donde abusó de ella, la mató y la descuartizó.
Agostina, a quien su familia definió como “confiada”, ¿no gritó? Si lo hizo, ¿nadie la escuchó? ¿Pudo desmembrar el cuerpo y limpiar la casa él solo?
Si, como estimó hasta ahora la Justicia, la data de la muerte fue entre las 23 del sábado 23 de mayo y las 2 del domingo 24, ¿cómo consiguió Barrelier que nadie en la casa sospechara nada? Según los datos que hay hasta ahora, él recién retiró el cadáver el lunes a la mañana, o sea, más de 30 horas después.
Si existe un pacto de silencio, como deslizan algunas fuentes vinculadas al expediente, se deberá romper para que la sociedad conozca la verdad.


