Casi todo el mundo, en todas partes, se desvía hacia la izquierda al caminar
Los investigadores no logran determinar por qué las personas de distintas culturas y edades, independientemente de su mano dominante, tienen una tendencia natural a caminar en sentido contrario a las agujas del reloj
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NUEVA YORK.- Iñaki Echeverría-Huarte, físico aplicado de la Universidad de Navarra en España, estudiaba si las personas mantienen cierta distancia entre sí mientras caminan cuando notó algo extraño. A lo largo de unos 40 experimentos, la mayoría de los participantes se desviaba espontáneamente hacia la izquierda.
Aunque esta observación no tenía nada que ver con su investigación original, despertó su curiosidad. “Esta fue la primera señal de que algo raro estaba pasando”, dijo Echeverría-Huarte.
Él y sus colegas supusieron que debía haber una explicación sencilla. Quizás la disposición de la sala, por ejemplo, estaba orientando sutilmente a las personas a inclinarse hacia la izquierda. Comenzaron lo que pensaron que sería una investigación simple para encontrar la respuesta.
Cinco años después, Echeverría-Huarte y sus colegas agotaron la mayoría de sus hipótesis y no están más cerca de resolver el misterio. Pero lo que descubrieron, según un estudio publicado el miércoles en la revista Nature Communications, es una tendencia innata y sorprendente de las personas de todas las demografías, culturas y condiciones a desviarse en sentido contrario a las agujas del reloj.
“En principio, no hay razón para que las personas prefieran girar en sentido contrario a las agujas del reloj”, dijo Iker Zuriguel, físico aplicado de la Universidad de Navarra y coautor del estudio. Sin embargo, está claro que lo hacen.
Zuriguel y Echeverría-Huarte buscaron primero en la literatura científica una explicación de por qué podría ser así. Encontraron un estudio que muestra que las personas que están perdidas suelen caminar en círculos, pero no especificaba la dirección.
Encontraron otro artículo que muestra que cuando las personas se encuentran con una pared, los diestros tienden a girar hacia la izquierda, mientras que los zurdos hacen lo contrario. La mayoría de los participantes en el estudio original era diestra, así que “en el momento en que vimos eso, dijimos: ‘OK, tenemos una respuesta’”, dijo Zuriguel.
Para comprobarlo, realizaron su propia prueba. Separaron a los participantes según si giraban a la izquierda o a la derecha cuando se les indicaba que se acercaran a una pared. Luego les pidieron que caminaran alrededor de un espacio delimitado. Para sorpresa de los investigadores, independientemente de las preferencias de giro en la pared o la lateralidad, la mayoría eligió la izquierda.
Este desconcertante hallazgo los llevó a realizar cinco experimentos adicionales, cada uno dirigido a una hipótesis diferente e involucrando a un total de 573 participantes. Sin embargo, una y otra vez encontraron el mismo resultado. En un patio escolar abierto, por ejemplo, los investigadores indicaron a los participantes que deambularan a voluntad mientras un dron registraba sus movimientos. En segundos, el 80 por ciento de las personas se movía en sentido contrario a las agujas del reloj. “No es una deriva gradual, sino más bien un sesgo que surge casi de inmediato”, dijo Echeverría-Huarte.
Echeverría-Huarte y sus colegas se preguntaron si el comportamiento podía estar surgiendo de forma colectiva, de manera similar a como los peatones se dividen en dos carriles de movimiento opuesto en las aceras concurridas. Pero cuando probaron con participantes solos, el 75% aún se movía en sentido contrario a las agujas del reloj, lo que sugiere que la tendencia es individual.
¿Había factores culturales detrás de esa preferencia? Los peatones, por ejemplo, suelen caminar por el mismo lado por el que circulan los autos en su país, y también suelen moverse en esa dirección si encuentran un obstáculo. Por eso, el equipo realizó experimentos en Japón, donde los carriles peatonales se forman a la izquierda. A pesar de estar convencidos de que verían el patrón opuesto al de España, los investigadores observaron una vez más a los participantes moviéndose en sentido contrario a las agujas del reloj, descartando las normas culturales de la lista.
Finalmente, se preguntaron si alguna convención social no reconocida, inculcada en los adultos pero aún no presente en los niños, podía estar en juego. Contactaron a investigadores que habían realizado un estudio previo en un jardín de infantes japonés en el que 52 niños se movían al azar mientras sonaba música. Los investigadores japoneses compartieron sus videos para su análisis, lo que reveló que la mayoría también se movía en sentido contrario a las agujas del reloj.
Enrico Ronchi, quien estudia evacuaciones de emergencia en la Universidad de Lund en Suecia y no participó en la investigación, dijo que los hallazgos “abren muchas vías nuevas e interesantes en el campo de la dinámica de multitudes”.
Le interesaría ver, por ejemplo, si el sesgo en sentido contrario a las agujas del reloj se mantiene en personas con discapacidad o en evacuaciones de emergencia.
Karol Bacik, matemático aplicado del M.I.T., que tampoco participó en la investigación, dijo que el nuevo hallazgo desafía nuestra comprensión de la locomoción humana. “El sesgo en sentido contrario a las agujas del reloj puede tener consecuencias de gran alcance para el tránsito peatonal diario, pero simplemente aún no las hemos buscado”, dijo.
Zuriguel y Echeverría-Huarte planean investigar nuevas hipótesis sobre el sesgo en sentido contrario a las agujas del reloj utilizando biomecánica, realidad virtual, neurociencia o incluso comportamiento animal. “Los peces son el animal clásico que se mueve en círculos”, dijo Zuriguel. “Pero si prefieren girar en una dirección o en la otra, no lo sé”.
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