Patas para arriba
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A caballo, un oficial de la policía antidisturbios francesa se refleja en un pabellón de espejos del Puerto Viejo de Marsella, al sur de Francia, mientras escolta a los hinchas del club Eintracht Frankfurt antes del partido de la Champions League con el equipo local, el Olympique, en el estadio Velodrome. Las autoridades del municipio ordenaron una prohibición parcial de la venta de alcohol e impidieron que los hinchas del Frankfurt viajen solos antes del partido, considerado –literalmente– de alto riesgo. Esta es la descripción fría, informativa, detrás de la foto. Pero la imagen constituye también un símbolo de un mundo que está patas para arriba. Un mundo en el que los asistentes a un simple, supuestamente entretenido, deportivo, sano y edificante partido de fútbol deben ser custodiados por la policía antidisturbios y es considerado de alto riesgo.
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