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Los planetas se alinearon en dos sentidos completamente opuestos. A Santiago Beltrán le surgió de manera inesperada la oportunidad de ser el arquero titular de River cuando esa posibilidad no estaba contemplada en los planes a corto plazo, mientras que la sumatoria de acontecimientos durante el primer semestre de 2026 aceleró la idea de que Franco Armani retorne luego de ocho años y medio a Colombia para incorporarse a Atlético Nacional, donde es ídolo al igual que en el club de Núñez.
La decisión del campeón del mundo no fue de un momento hacia otro. Hubo un análisis compuesto por varios argumentos hasta que decidió aceptar la propuesta para volver a Medellín, la ciudad en la que conoció a su esposa, Daniela Rendón. En primer término, su contrato con River tenía como fecha de vencimiento el próximo 31 de diciembre. Él estaba dispuesto a cumplir con el vínculo, pero las lesiones alteraron gradualmente el rumbo a principios de enero, cuando el plantel realizaba la pretemporada en San Martín de los Andes. Allí sufrió un desgarro, seguido por una delicada tendinitis en el pie derecho que le impidió formar parte del equipo en el comienzo del Torneo Apertura, luego de quedar al margen de los amistosos en Montevideo y Maldonado.

Ausente en los primeros seis partidos oficiales de 2026, Armani sintió la necesidad de volver al arco cuando su inactividad planteaba interrogantes ineludibles con 39 años. El domingo 22 de febrero, noventa días después de la eliminación contra Racing en los playoffs del Clausura 2025, regresó a la cancha para dar la cara en un momento muy difícil para Marcelo Gallardo. Con el brazalete de capitán y sin la capacidad de reacción que tanto éxito le dio en el club de Núñez, recibió el gol de Manuel Lanzini que permitió el triunfo de Vélez por 1 a 0 en el estadio José Amalfitani. Reemplazado por Beltrán en el entretiempo como consecuencia de una nueva molestia en el talón derecho, no pudo se de ayuda para evitar el desenlace menos deseado: la renuncia del DT más ganador de la historia de River unas horas después, cuando caía la noche del lunes en el predio de Ezeiza.
No sólo fue el adiós de Gallardo en River, sino que también, en silencio, el comienzo del fin para el experimentado arquero. Aunque realizó un tratamiento con células madre para recuperarse de la tendinitis que podía poner en jaque sus últimos años como futbolista profesional, no pudo estar a disposición del nuevo entrenador. Eduardo Coudet, víctima de las atajadas de Armani siendo técnico de Rosario Central ante Atlético Nacional y de Racing frente al conjunto de Núñez, se encontraba con un panorama totalmente diferente al que hubiera soñado en otro momento porque sabía que más temprano que tarde iba a tener que elegir entre la aparición maravillosa de Beltrán y la jerarquía de un multicampeón como el hombre nacido en Casilda, provincia de Santa Fe.
Amparado en los plazos médicos, Chacho respaldó a Beltrán y recibió un incómodo guiño del destino para poner a Armani el pasado 20 de mayo contra Red Bull Bragantino, en el estadio Monumental. A raíz de la suspensión que el joven de 21 años recibió por la expulsión que sufrió ante Carabobo, en Venezuela, llegó la hora de que el número 1 retornara al arco. Lo que no se sabía en aquella noche es que sería la última función del Pulpo, quien disputó los 90 minutos del 1 a 1 frente al equipo brasileño. “Me pone contento que haya vuelto a jugar, porque ha hecho un gran esfuerzo y venía de muchos días de parate. Lo hemos intentado acompañar en todos los sentidos hasta que estuviera bien y se sintiera al 100 %. Ha hecho un buen partido”, manifestó el DT. Además, destacó la actitud del líder con su sucesor para apoyarlo, lejos de una postura distante: “Es un referente de este grupo y los referentes hacen esas cosas, se comportan así. No me extraña. Es buena gente, una buena persona”.
Cuatro días después del compromiso correspondiente a la penúltima fecha de la etapa de grupos de la Copa Sudamericana, River perdió la final ante Belgrano y, a falta de un encuentro para cerrar el semestre, se avecinaba una cirugía mayor en el plantel. Por supuesto que Armani era intocable, pero el viernes pasado, en la ciudad portuguesa de Faro, donde el conjunto de Núñez igualó 2 a 2 frente a Flamengo, quedó claro que Coudet ya tenía definido a su arquero titular para la segunda parte del año luego de dos semanas de prácticas entre Ezeiza y Alicante. Beltrán fue ratificado, mientras que el arquero campeón del mundo se sentó en la banco de suplentes.

Si bien Armani sabía que la situación se perfilaba de ese modo, restaba la confirmación a través de los hechos. A partir de ahí, terminó de tomar forma una premisa familiar que se venía postergando: la vuelta a Colombia. Los planetas se alinearon para que esa intención pudiera avanzar, debido a que Atlético Nacional buscaba al reemplazante de un baluarte como David Ospina, cuyo vínculo había concluido el pasado 30 de junio.
Ídolo en el equipo de Medellín, donde conquistó nada menos que 13 títulos, tres más que en River, Armani profundizó las conversaciones y llegó a un acuerdo verbal para viajar la semana próxima. En esa ciudad residió desde el segundo semestre de 2010, cuando fue transferido por Deportivo Merlo, hasta enero de 2018. Allí también se casó en 2015, al año siguiente de conocer a su pareja.
Pese a que todavía ni Armani ni su entorno se pronuncia públicamente, en River ya conocen la decisión. Como agradecimiento por su trayectoria en el club, la dirigencia no pondrá obstáculos para que pueda rescindir su contrato de común acuerdo. Facilitará su salida y, a falta de espacio en el calendario para que se pueda despedir en un partido de carácter oficial o aunque sea un amistoso, tiene prevista la realización de una emotiva conferencia de prensa para que pueda expresarse con los hinchas antes de abordar un vuelo con destino a tierras cafeteras, de acuerdo a lo que fuentes oficiales le anticiparon a LA NACION.
Está claro que no es el adiós de la manera más deseada, pero es lo mínimo que podrá hacer River para reconocer a un arquero que fue determinante para obtener la Copa Libertadores en 2018, entre otros éxitos. Hincha confeso del club, Armani se metió en la historia grande. Reúne suficientes requisitos para sentarse en la imaginaria mesa de chica de los grandes guardametas de la institución junto con Amadeo Carrizo, Ubaldo Matildo Fillol, Nery Pumpido y Marcelo Barovero.
Responsable de custodiar los tres postes en 366 compromisos oficiales, al punto tal de que está 13° en la tabla de mayor cantidad de presencia entre todos los futbolistas de la historia del club, Armani mantuvo la valla invicta en 164 oportunidades, concedió 287 goles —menos de uno por encuentro en promedio—, obtuvo 10 títulos y ostenta el récord del equipo sin recibir tantos en Primera División, debido a que conservó el cero durante 965 minutos, desde el 1° de abril de 2018 hasta el 1° de septiembre de ese mismo año. Hasta se dio el lujo de darle una asistencia a Matías Suárez mediante un saque de arco en la revancha de la Recopa Sudamérica ante Athletico Paranaense.
Se va una leyenda, dueño durante ocho temporadas del “arco más grande del mundo”, como lo bautizó Carrizo.



