Wall Street pone bajo la lupa a las empresas de software
La irrupción de agentes de inteligencia artificial capaces de ejecutar tareas complejas alimenta las dudas sobre el futuro de un sector que hasta hace poco parecía inmune a los efectos negativos del cambio tecnológico
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Mientras trabajaba recientemente en un espacio de WeWork en San Francisco, este corresponsal vio un avión cruzar el horizonte arrastrando una enorme pancarta. “Saas is dead” (“El SaaS está muerto”), proclamaba en letras gigantes. Los desarrolladores de software que compartían el espacio de coworking también la vieron. “Gracias por recordárnoslo”, se lamentó uno de ellos.
La acción publicitaria, financiada por una startup de inteligencia artificial, refleja una creencia cada vez más extendida en el sector tecnológico: que la IA representa una amenaza existencial para la industria del software como servicio (SaaS), que hasta hace pocos años parecía imparable. Desde el brutal derrumbe bursátil de febrero, los directivos del sector intentan convencer a los inversores de que los temores a un supuesto “SaaSpocalipsis” están enormemente exagerados. En el último mes, las acciones de las empresas de software cotizantes en Estados Unidos comenzaron, en general, a recuperar parte del terreno perdido. Sin embargo, muchos inversores siguen siendo cautelosos.
Sus preocupaciones difícilmente desaparezcan pronto, a medida que los agentes de IA capaces de operar otros programas informáticos se vuelven más inteligentes y potentes. Tampoco ayuda que la amenaza para las empresas establecidas provenga de cuatro frentes distintos: los grandes laboratorios de IA, las startups nativas de IA, el desarrollo de software “hágalo usted mismo” y los propios esfuerzos de la industria por reinventarse. Podrían llamarse los cuatro Sasquatch del apocalipsis SaaS.
La nueva amenaza
Los que proyectan una sombra más grande son los laboratorios de IA. Liderados por Anthropic y OpenAI, desarrollan los modelos con capacidades más avanzadas, recaudan montañas de capital y emplean a los mejores especialistas en inteligencia artificial, un talento que las empresas SaaS más maduras tienen dificultades para atraer.
Hasta ahora, sus productos más destacados fueron las herramientas de programación Claude Code y Codex, respectivamente. Pero eso es apenas el comienzo. Los laboratorios están particularmente bien posicionados para aprovechar una de las grandes vulnerabilidades de las compañías SaaS: su naturaleza fragmentada.
A pesar de numerosas adquisiciones a lo largo de los años, empresas como Salesforce, ServiceNow o Workday rara vez lograron salir de sus especializaciones. Los laboratorios de IA, en cambio, amenazan con moverse horizontalmente, creando agentes que operen por encima de los productos SaaS, conectando distintos programas mediante complementos y una única interfaz conversacional. Aplicaciones que alguna vez fueron consideradas sofisticadas herramientas empresariales corren el riesgo de convertirse en simple infraestructura invisible.
Las startups atacan los nichos
Mientras tanto, las startups nacidas directamente en la era de la IA ya están atacando los dominios tradicionales de los gigantes del SaaS.
Un ejemplo es Harvey, valuada recientemente en US$11.000 millones, que desarrolla herramientas de IA para abogados y genera preocupación entre empresas históricas de software jurídico como Thomson Reuters.
Otras startups apuntan a funciones empresariales específicas. Han surgido numerosas compañías dedicadas al servicio al cliente mediante IA, entre ellas Sierra, fundada por Bret Taylor, presidente de OpenAI y ex copresidente ejecutivo de Salesforce. Otra es Serval, una startup de apenas dos años que alcanzó una valuación de US$1000 millones en diciembre y que apunta directamente a ServiceNow, especializada en software para mesas de ayuda de tecnología.
Por ahora, los agentes de Serval funcionan sobre la plataforma de ServiceNow. Pero su objetivo final es crear una alternativa completamente basada en agentes de IA.
El regreso del software hecho en casa
Algunas empresas prefieren no reemplazar la dependencia de un proveedor por otra. En cambio, están utilizando la IA para desarrollar sus propios sistemas.
La industria SaaS construyó su éxito convenciendo a las compañías de que era más barato y sencillo comprar software estandarizado que desarrollar soluciones personalizadas. Las empresas de software invertían fortunas en construir productos y luego obtenían enormes beneficios distribuyéndolos masivamente a costo marginal casi nulo.
Ahora, sin embargo, muchas organizaciones vuelven a preguntarse si no conviene construir sus propias herramientas.
Esta tendencia ya fue mucho más allá del llamado vibe coding —el uso de IA para crear pequeñas automatizaciones—. El estudio jurídico Kirkland & Ellis, el de mayor facturación del mundo, anunció recientemente que invertirá US$500 millones en los próximos años para desarrollar herramientas propias de IA basadas en el conocimiento de sus abogados, en lugar de depender de proveedores externos.
No todo el SaaS está en problemas
Nada de esto significa que el colapso de la industria sea inminente. Implementar nuevos sistemas sigue siendo un proceso lento y complejo. Además, las grandes compañías conservan enormes fuerzas de ventas y una sólida relación con sus clientes.
De hecho, algunos segmentos del SaaS están atravesando un gran momento gracias a la IA. Las acciones de CrowdStrike, Fortinet y Palo Alto Networks, tres de los mayores proveedores de software de ciberseguridad de Estados Unidos, subieron en promedio 47% desde comienzos de año, impulsadas por el aumento del gasto empresarial para defenderse de hackers potenciados por inteligencia artificial.
Snowflake, especializada en gestión de datos, vio dispararse su valor bursátil un 36% en un solo día el mes pasado tras reportar un fuerte crecimiento de ingresos impulsado, entre otras cosas, por la demanda de sus herramientas de consulta de datos basadas en IA.
El problema de comerse a uno mismo
Otras empresas parecen más expuestas. Las acciones de Salesforce, ServiceNow y Workday acumulan caídas promedio del 34% en lo que va del año.
Los tres modelos de negocio se basan en vender aplicaciones a empleados humanos y cobrar por usuario o “asiento”. Pero ese esquema empieza a perder sentido a medida que las propias compañías incorporan agentes de IA.
El problema es doble. Por un lado, a diferencia del software tradicional, los agentes de IA generan mayores costos para el proveedor cuanto más los utilizan los clientes. Por otro, al reemplazar trabajadores humanos, estos agentes reducen la necesidad de comprar licencias tradicionales.
“Los agentes de IA no necesitan asientos”, resume Manny Medina, fundador de Paid.ai, la startup responsable de la pancarta aérea que anunciaba la muerte del SaaS.
Empresas como Salesforce intentan adaptarse cobrando una combinación de tarifas por usuario y por consumo, según la cantidad de tokens procesados por los modelos de IA. Sin embargo, aunque los ingresos provenientes de estos nuevos productos crecen rápidamente, todavía están muy lejos de compensar las ventas que podrían perder si los clientes reducen la compra de licencias tradicionales.
“El riesgo es la canibalización”, advierte Tal Liani, analista de Bank of America. Y allí aparece la gran ironía. No hace mucho tiempo se decía que el software estaba “devorando al mundo”. Ahora el peligro es que termine devorándose a sí mismo.




