De origen japonés, pero reformulado en Brasil, esta arte marcial se realiza haciendo repeticiones, con el objetivo de automatizar los movimientos para optimizar las respuestas
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Se lo ha comparado con el ajedrez, ya que uno tiene que adelantarse a los movimientos del oponente, definir una estrategia y tomar decisiones críticas bajo presión. Sin embargo, en el caso del jiu-jitsu, el luchador tiene que hacerlo mientras está incómodamente entrelazado con el oponente. La intensidad es absoluta. Ambos cuerpos se anudan en el piso y la fuerza bruta queda en segundo plano frente a la técnica. Entre llaves, tomas y palancas, llega la sumisión.
BJJ, como se conoce al jiu-jitsu brasileño, tiene sus orígenes en 1920, cuando la disciplina japonesa fue reformulada en tierra carioca. Sin embargo, recién empezó a hacerse conocido a nivel mundial en 1993. Fue entonces que Royce Gracie, hijo de Hélio Gracie, uno de los que adaptó y popularizó el deporte, ganó el UFC (Ultimate Fighting Championship) en EE.UU., venciendo a jugadores de mayor tamaño y peso gracias a las destrezas de este arte marcial.
Javier Cardozo es uno de los máximos exponentes del BJJ en nuestro país. Entre sus títulos mundiales se destaca por haber sido tres veces campeón sudamericano, vicecampeón mundial del World Pro Abu Dhabi en 2016 y campeón de Brasil 2025, entre muchísimas otras medallas. Fue uno de los primeros argentinos en practicar la disciplina y es testigo de su crecimiento desde su academia GF Team Argentina.
“Creo que creció tanto en tan poco tiempo por su gran efectividad y por ser un arte marcial sin tantos modismos orientales. El ambiente es más descontracturado. Generalmente, en las academias, la gente es muy amable: eso hace sentir cómodos a quienes se acercan a entrenar. Además, le da a los practicantes una sensación de seguridad que pocas artes marciales brindan”, asegura el experto.
Según Cardozo, el jiu-jitsu es un ecualizador: “Si la persona es miedosa, le da coraje, si es muy peleador y de hacer lío, le da tranquilidad. Ese es el gran cambio que observo desde hace años entre los que lo aprenden. Ayuda en todos los aspectos de la vida cotidiana”, asegura el mestre, como se llama al entrenador.
“Además, al practicarlo estás todo el tiempo resolviendo situaciones en una milésima de segundo”, detalla Cardozo. Es por esta razón que se entrena haciendo repeticiones, con el objetivo de automatizar los movimientos para optimizar las respuestas. “La forma de entrenar tantas repeticiones de posiciones, de técnicas y de situaciones lleva a que el practicante desarrolle un poder de resiliencia mayor”, afirma el cinturón negro.
Florencia Melo es profesora de yoga y practica jiu-jitsu desde hace tres años. “Lo fabuloso es que no es tan agresivo como parece. No hay piñas ni patadas y podés perfectamente aprender las tomas, posiciones y sumisiones sin lastimarte”, explica y agrega: “Como mujer, siempre me sentí supercuidada y respetada por mi profesor y mis compañeros. ¡Hasta entrené embarazada por seis meses! Hay códigos importantísimos dentro y fuera del tatami (superficie acolchonada sobre la que se practica la disciplina) y el más importante tiene que ver con el respeto. Nos cuidamos entre todos: sobre todo al que tiene menos fuerza y al que es menos experimentado”.
Melo resalta: “Me ha dado más confianza en mí: si bien nunca sabemos cómo vamos a reaccionar ante una emergencia o situación violenta, de lo que sí estoy segura es de que tengo más herramientas para defenderme. Además, me ha dado más conocimiento y dominio de mi cuerpo: soy más consciente de lo que estoy haciendo con cada parte de él y siento que puedo pensar con el cuerpo (aunque suene contradictorio)”. El jiu-jitsu exige una concentración absoluta en el presente, lo que funciona como una forma de meditación activa. Además, según Melo, por estar constantemente teniendo que resolver situaciones bajo presión, “BJJ te enseña a frenar, a no desesperarte y a actuar para salir de una situación airosamente”.
Resiliencia y autocontrol
En 2025, un estudio publicado en Suiza en 2025 por MDPI (Multidisciplinary Digital Publishing Institute) demostró que este deporte de contacto aporta con los años de práctica una mayor fortaleza mental, junto al desarrollo de la resiliencia y un mayor autocontrol. Otro estudio publicado en 2022 por el International Journal of Environmental Research and Public Health evidenció cómo ayuda en casos de estrés postraumático y en la gestión de la ansiedad.
Oscar Gastón Paz es licenciado en enfermería. Su tiempo libre está volcado al tatami. Además de un aficionado cinturón negro, ganador del oro en Florianópolis en 2025, es profesor. “El jiu-jitsu te da agilidad mental, te hace mover de manera inteligente, convirtiéndote en alguien más eficiente. La capacidad de adaptación se expande fuera del tatami y la práctica cotidiana de no desesperar para salir de situaciones incómodas –como palancas o aplastamiento– se vuelve un estilo de vida”, afirma.
Para Paz, el BJJ funciona como medicina para el ego: “En el tatami siempre es necesario tapear (rendirse). Existe una delgada línea entre no querer rendirte y lastimarte. Ante determinadas posiciones o palancas, no tiene caso seguir resistiendo y, si no tapeas, te lastimás. Uno debe dejar de lado la ilusión de creer que no ‘tapear’ es sinónimo de ganar o una demostración de fortaleza. A su vez, este deporte nos vuelve más empáticos: como se entrena con otro, se procura no lastimarlo ni lesionarlo”, aclara.
Mateo Chiodi practica esta disciplina desde hace seis años. “En mi experiencia como kinesiólogo y preparador físico, he notado mejoras predominantemente en la fuerza y la resistencia debido a la constante demanda que implica luchar contra otra persona. Otra cualidad a destacar de este deporte de combate es el alto nivel de coordinación que requieren los movimientos técnicos. Sin dudas, te obliga a mejorar la propiocepción, la conciencia corporal y lo que en fisioterapia llamamos el ‘engrama motor’: la huella neural o patrón de movimiento memorizado en el sistema nervioso central, que automatiza gestos biomecánicos”, asegura el experto.
Según Chiodi, los primeros años pueden ser estresantes al combinar la dificultad de la tarea con la inexperiencia. “Por eso, la resiliencia y la tolerancia a la frustración que se construyen día a día son claves”. En un mundo que nos sobreestimula, el jiu-jitsu ofrece la paradoja perfecta: un lugar de lucha donde se encuentra la paz.
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