Milei descubrió un poder que la Argentina no sabía que tenía
La trama secreta de cómo la “diplomacia del átomo y la energía” ayudó en el salvataje de Estados Unidos y convirtió a Vaca Muerta en un escudo para el agro argentino; el giro pragmático que le otorgó al Gobierno un poder de negociación inédito
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Luis Cubeddu cambió esta semana el calor de Washington por el frío porteño. Junto a un grupo de economistas del FMI, el número dos del Fondo para el Hemisferio Occidental se informó de primera mano acerca de cómo están las cosas en la Argentina. Es algo habitual para este venezolano muy familiarizado con el país, que suele mantener reuniones con funcionarios, empresarios, sindicalistas y otros actores de poder. Más aún en la antesala de la venida de su jefa, Kristalina Georgieva.
Cubeddu dejó una impresión positiva sobre el Gobierno entre las personas con las que habló. Ponderó el plan de la Argentina y el plan financiero recién presentado. También valoró otro dato: Luis Caputo y su equipo plantearon un escenario a un año y medio. Es un horizonte temporal de previsión que en países estables resulta poco, pero acá resulta una eternidad.
El funcionario del FMI se llevará una mirada propia sobre el estado de situación doméstico. El organismo tiene que agendar una nueva revisión del programa con el país y está atento a reducir el volumen de cualquier posible ruido político.
Hace tiempo que las cosas cambiaron entre el principal acreedor de la Argentina y el Gobierno. Atrás quedaron las épocas en que Milei señalaba a Rodrigo Valdés, compañero de Cubeddu, como uno de los enemigos públicos del país cuando no se ponían de acuerdo en el nuevo programa. Es la diplomacia del superávit fiscal, la desaceleración de la inflación y los buenos vínculos con la Casa Blanca.
El puente que tendió el gobierno de Javier Milei con Donald Trump puede llegar a moldear el futuro de la Argentina por varias décadas. A principios de este mes, Luis Caputo anunció un proyecto para construir un reactor nuclear en el país. La idea es que sea el primero de muchos, para exportar.
Si la iniciativa avanza, será un antes y un después para la Argentina, que jugaría en una exclusiva liga internacional de alta tecnología y miles de millones de dólares. Son las nuevas industrias que quiere Milei para reemplazar a las viejas. Más sorprendente es el hecho de que esa posibilidad nació al calor de una necesidad en el momento de mayor debilidad del gobierno libertario.
En septiembre de 2025, Fuerza Patria, la expresión política del kirchnerismo y del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, sorprendió con un triunfo amplio en las elecciones de medio término.
Al día siguiente cayeron bonos y acciones y el peso tocó mínimos, porque el mercado empezó a dudar de la capacidad del Gobierno para sostener el programa económico hasta las legislativas nacionales de octubre. Eso, a su vez, aceleró la corrida contra el peso, que generó una fuerte presión devaluatoria. El Banco Central quedó en una encerrona: si sostenía el valor de la moneda, perdía reservas. Si no, aumentaba el temor general.
Cuando el futuro cambiario se vivía como algo incierto, Estados Unidos hizo un rescate providencial y sorprendente. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo el 22 de septiembre que estaba listo para dar una ayuda “grande y contundente”. Ese mismo día rebotaron los mercados y se tranquilizó el peso.
Después, el 24 de septiembre, precisó la negociación de una línea de swap por US$20.000 millones. El Tesoro norteamericano terminó comprando pesos argentinos.
Las discusiones para instalar un reactor nuclear en el país se aceleraron en el marco de las negociaciones por esa asistencia extraordinaria de Estados Unidos a la Argentina. El propio Bessent dijo palabras que en aquel momento parecían elípticas, pero hoy traducen un mensaje más claro: aseguró que el gobierno de Donald Trump buscaba una participación activa de sus empresas en sectores relacionados con la energía nuclear.
Hubo varios funcionarios que participaron de las discusiones, con la conducción del equipo económico a la cabeza. Pero la mesa de diálogo fue mucho más amplia. A ella se sumó el asesor Santiago Caputo, a quien los republicanos le transmitieron el rechazo a que China ocupara lugares que consideraban estratégicos.
El temor nuclear de los republicanos tenía fundamentos concretos. En febrero de 2022, durante la presidencia de Alberto Fernández, Nucleoeléctrica y la estatal china CNNC firmaron el contrato de ingeniería, compras y construcción de Atucha III. Se proyectó una inversión superior a US$8000 millones, una potencia de 1200 MW y una vida útil inicial de 60 años.
La pelea de las potencias por el posicionamiento en Latinoamérica aceleró los planes de Hamid Ansari, un magnate emprendedor que está detrás de un proyecto faraónico que comenzará en Zárate, provincia de Buenos Aires, para instalar un reactor nuclear de US$1200 millones. Nunca avanzó.

Hamid Ansari es uno de los empresarios señalados por el gobierno de Trump para hacer negocios en la Argentina. Tiene el control de Meitner, una empresa que construirá un reactor modular de 300 MW, ideal para abastecer proyectos de inteligencia artificial. Una vez que esté hecho, espera fabricar plantas nucleares en serie en la Argentina, como si fueran aviones, para luego enviarlas a todo el mundo.
El proyecto es tan gravitante para la administración libertaria que Santiago Caputo entró en una disputa frontal con Demian Reidel cuando creyó que se caía la propuesta. Todo derivó en la salida de Reidel del manejo del sector nuclear. Apuesta fuerte del asesor: Reidel es amigo de Milei, con quien acaba de difundir un paper de economía.
No sólo hay mucho dinero en juego —se prevé una inversión inicial de US$1200 millones—, sino también la posibilidad de consolidar una nueva diplomacia del átomo detrás de la figura de Ansari, cuyo bajo perfil es inversamente proporcional a sus capacidades comerciales.
Ansari nació en Irán, pero se fue a Estados Unidos antes de la revolución islámica. Hoy tiene vínculos cercanos con el Departamento de Estado y acceso directo a la embajada norteamericana en Buenos Aires, a cargo de Peter Lamelas.
Desde Estados Unidos construyó una carrera basada en la novedad y en la tecnología. Fue pionero de la telefonía por internet, apostó tempranamente por Skype, participó del premio que encendió la industria espacial privada e invirtió en SpaceX cuando todavía era una promesa. De hecho, hay quienes sostienen que la X del nombre de la empresa de Elon Musk proviene del Ansari XPRIZE, un patrocinio que favoreció inicialmente a la empresa espacial.
Ahora, repite la fórmula con la energía nuclear. Busca detectar una revolución antes de que empiece y ocupar un lugar en su nacimiento.

El gobierno de Milei imagina un futuro ligado al empresario estadounidense en el estratégico sector. No sólo por la fábrica de reactores.
Entre los pasos que dará Meitner para concretar el proyecto está la búsqueda de un operador para su reactor en Zárate. Hay una sola empresa ya instalada en el país que puede prestar ese servicio. Se trata de Nucleoeléctrica Argentina S.A., más conocida como Na-Sa, que tiene la prioridad. La particularidad es que es una empresa del Estado.
La Casa Rosada espera vender el 44% de Na-Sa. Es posible que el comprador sea el propio Ansari, de manera que tendría la porción minoritaria de la compañía pública que manejará su reactor modelo.
El caso nuclear no es una excepción, sino la expresión más visible de una nueva capacidad de negociación que también empieza a aparecer en otros frentes.
La diplomacia del átomo forma parte, en realidad, de otra más amplia: la diplomacia energética. La Argentina está sacando de ella un provecho inédito, que aumenta su poder relativo en negociaciones internacionales.
El país evitó esta semana una medida que podría haber sumido a amplios sectores de la población en una crisis que no veían venir. La Comisión Europea, el poder ejecutivo del bloque, le había propuesto al Parlamento equiparar la soja con el aceite de palma por fomentar la deforestación. El daño potencial era enorme.
El miércoles pasado por la mañana, el órgano legislativo rechazó la propuesta. Ese logro fue el resultado de un mecanismo de influencia que comenzó el último enero, con el primer borrador que llegó desde Europa.
El campo argentino advirtió al canciller Pablo Quirno sobre los riesgos del proyecto. Quirno habló del tema cada vez que pudo con otros cancilleres y funcionarios, en una gestión que condujo también su número dos, Fernando Brun, formalmente a cargo de la Secretaría de Relaciones Económicas Internacionales. Es llamativo que la Argentina haya liderado todo el proceso en nombre de Estados Unidos y de Brasil, que venden poroto de soja a Europa.
Los empresarios del campo destacan la tarea de lobby de Fernando Iglesias. Algo alejado de las polémicas en redes, contactó a todos los que pudo en el Parlamento Europeo para evangelizar sobre la inconveniencia de la medida. Pero quizás nadie fue tan determinante como los funcionarios del área energética y los petroleros argentinos.
La petrolera bajo control estatal YPF es socia de la italiana ENI en el desarrollo del mayor proyecto de inversión de la historia argentina, según sostienen ambas. El objetivo es venderle gas de Vaca Muerta a Europa por barco por unos US$14.000 millones al año.

En este caso, la debilidad europea es una oportunidad para la Argentina. La invasión de Rusia a Ucrania (2022) expuso las vulnerabilidades de suministro del continente. El 45% del gas que consumían venía del país con el que ahora estaban peleando.
Las normas europeas obligan a eliminar de a poco las compras de gas a Rusia hasta que lleguen a cero en 2027, el año en el que la Argentina podría empezar a exportar. Ese cruce de calendarios fue uno de los argumentos más concretos que usaron los lobistas argentinos. El tema escaló incluso hasta el propio Milei. El sector privado está convencido de que el Presidente lo conversó alguna vez con la italiana Giorgia Meloni.
Vaca Muerta se ha vuelto más importante de lo que se pensaba. No sólo debido a que en mayo el sector petrolero exportó más que el campo, algo muy llamativo para un país que siempre vivió de los dólares del agro, sino porque también acaba de salvar en parte a la soja gracias a la llave diplomática que hacen girar los hidrocarburos.
Ese es el patrón que atraviesa toda la semana: un reactor, un embarque de gas, un funcionario del FMI conforme, una tonelada de soja. La Argentina encontró una moneda de cambio que no imprime el Banco Central.








